¿DONDE ESTA DIOS?
Como sabemos, la vida está llena de imprevistos. Una llamada
telefónica, una mala noticia, un accidente, una negativa a nuestra aspiración de
empleo... y todo por lo que habíamos trabajado o anhelado, puede venirse abajo
en un momento. El dolor y/o la desesperación parecen adueñarse de la situación,
robándonos el gozo y la paz.
Probablemente, en esos momentos nos vienen a la mente
preguntas tales como:
ü
¿Dónde está Dios?
ü
¿Sabe Él por lo que estoy pasando?
ü
¿Por qué no me ayuda?
ü
¿Por qué me ha abandonado?
Nuestro amado señor Jesús experimentó este sentimiento de
abandono y de angustia en la cruz, cuando exclamó en su sufrimiento: “Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).
Sí, en medio de nuestro desconcierto podemos cuestionarnos
acerca de la Presencia de Dios. Sin embargo, cuando la tormenta más arrecia, ¡podemos
estar seguros de que Dios está cerca de nosotros! Él ve nuestra situación,
conoce perfectamente nuestro dolor o angustia, y nos promete: “me
invocarás, y yo te responderé; contigo estaré yo en la angustia; te libraré y
te glorificaré. Te saciaré de larga vida, y te mostraré mi salvación” (Salmo
91:15-16).
Mi amado hermano de fe, Dios nunca se aleja de Sus hijos, no
nos abandona mientras esperamos que “pase la tormenta”. NO. Dios está con cada
uno de nosotros, y cuando enfrentamos esas pruebas, Él está a nuestro lado para
enfrentarlas con nosotros.
Salmos 23:4 (…) Aunque ande en valle de
sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu
vara y tu cayado me infundirán aliento (…).
Y, como siempre cuando Él da palabras de ánimo en la Biblia,
termina haciéndonos una promesa, así como nos promete también la manifestación
de Su gloria venidera.
La promesa que hoy nos da nuestro Padre para todos los que estamos
esperando algo o llevando una pesada carga, es liberación: Él nos
librará de nuestras actuales circunstancias.
No estamos solos, y no estamos obligados a llevar tampoco
estos sentimientos solos. El Señor nos entiende perfectamente. ¿Acaso no
padeció los peores sufrimientos del mundo en el Gólgota?
Dios nos escucha y nos sostiene. Su oído no se ha vuelto
sordo a nuestros gritos de súplica. ¡Levantemos la cabeza, e imaginémonos a
Dios actuando entre bambalinas en el cielo, obrando con Sus ángeles a nuestro
favor! Creamos hoy que la hora de la liberación de nuestras cargas va a
llegar pronto, y que nuestros mejores días están aún por llegar.
Yo creo que mi liberación está cerca, y por eso sigo aguantando
firme en mi fe, sin olvidarme nunca que MI Dios cumple siempre lo que promete.
¡Proclamemos hoy de manera anticipada, nuestro día de
victoria!
Pablo José Ramírez H

Comments
Post a Comment