DUELE, PERO SE SUPERA



Ayer recibí de parte de una familiar, una noticia que me entristeció bastante, pues teníamos muchas expectativas favorables sobre la posibilidad de que fuera escogido para una muy alta posición nacional, en la rama judicial. Nos unimos en oración de acuerdo  pidiéndole a nuestro Dios Su gracia y favor para que fuera escogido, meditamos la palabra relacionada con la oración, la ayuda que nos envía a través de Sus ángeles quienes están para nuestro servicio y para ejecutar Su palabra a nuestro favor, desatamos Fe, mi pariente se preparó para las difíciles audiencias de sustentación de su programa ante una alta corte, y después de superar muchos filtros y de quedar entre los  4 mejores opcionados, ayer no fue escogido.
Muchos de nosotros hemos pasado por situaciones que nos han causado un profundo dolor del alma y nos quedan heridas dolorosas, difíciles de sobrellevar y/o entender. Pero cuando estemos en esa situación, debemos volver nuestros ojos a la palabra de Dios para encontrar aliento, como el que nos regala el apóstol Pablo, cuando escribió el siguiente versículo, inspirado por el Espíritu Santo:
Romanos 8:18; (…) Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse (…).  

Hay momentos en nuestra vida, en los que:
ü  Nuestra desilusión por no alcanzar algo en lo cual creíamos que obtendríamos, nos causa heridas difíciles de soportar.
ü  Nuestro dolor o desilusión por no obtener la respuesta, nos hace dudar del amor y la misericordia de Dios.
ü  No entendemos la razón por la que todo eso nos está ocurriendo.

Dios nos recuerda que la gloria que nos espera en el Cielo es mucho mayor que nuestras tribulaciones o sufrimientos en la tierra. Jesús nos tiene reservada una corona extraordinaria, para “los que vencieren”, tal como nos lo explica el apóstol Juan en el libro del Apocalipsis.
(…) No temas en nada lo que vas a padecer… tendréis tribulaciónSé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida (…).

Cuando pasamos por estas dolorosas situaciones y nos causan heridas profundas, al superarlas en Cristo, crecemos a tal punto que podemos ser usados en mayor medida por Dios para recibir una mejor oportunidad y para bendecir y consolar a hermanos que tienen una fe más débil para superar estas tribulaciones.

A mi personalmente me han pasado situaciones dolorosas que me han llevado a desilusiones y a tristezas profundas (menos mal que pasajeras). Hace poco más de 6 meses tuve que amputarme la pierna derecha después de 4 años de estar creyéndole a Dios por la sanidad y recuperación total de mi pierna. Me sentí frustrado, como si Dios no hubiera escuchado mis plegarias, me sentí indigno, pero como ingeniero que soy me fui a la lógica de la palabra de Dios, nunca lo recriminé ni dude de Él, sino que por el contrario, medité que si la palabra dice que Dios nunca falla, que responde mis oraciones, si juró sobre sí mismo hacer cumplir Su palabra y no recibo lo que pido, pues el problema debe ser mío, pues en esta relación con Dios somos 2 partes. Él y yo, y yo soy el imperfecto. Y empiezo a revisar mi vida y por qué no recibí, para ver si encuentro los estorbos y me dedicó a subsanarlos, para que la comunicación se aclare y el mensaje, así como la respuesta, sean efectivos.

Hoy me recuerdo con esta tristeza que comparto con mi pariente, que debemos creer y confiar en Dios. La mayor parte del tiempo no vemos ni entendemos nada distinto al dolor que lleguemos a afrontar, pero Él tiene la perspectiva completa de nuestra vida en Su mano, y sabe lo que nos depara el destino.

Lo que nos hizo sufrir ayer puede darnos hoy la capacidad de ayudar a otra persona que necesita aliento y esfuerzo para superar su prueba.

Si empezamos a ver nuestro sufrimiento o nuestras pruebas y tribulaciones, con la óptica de consolar a otra persona que llegue a tener situaciones parecidas, les garantizo que no vamos a pensar tanto en nuestras heridas de la misma manera que antes, porque ahora sabemos que tienen un propósito, y que podrán ser de bendición para otros, para la gloria de Dios.
Recordemos que nuestra fe es probada a través de las tribulaciones, (que nunca las manda Dios), para que sea hallada como el oro.
1 Pedro 1:7; (…) Porque la fe de ustedes es como el oro: su calidad debe ser probada por medio del fuego. La fe que resiste la prueba vale mucho más que el oro, el cual se puede destruir. De manera que la fe de ustedes, al ser así probada, merecerá aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo aparezca (…).

Les deseo un día maravilloso.

Pablo José Ramírez H

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