PERSEVERANDO EN LA ORACIÓN

Hoy nos recuerda nuestro amado Padre, que la oración de Sus hijos siempre es escuchada y atendida por ÉL, si lo hacemos en Fe y si nuestras peticiones son de acuerdo a Su palabra. Pero también nos recuerda, que debemos orar sin cesar, en todo momento y aplicando la fórmula que nos dejó estipulada. Que la Fe mas la Paciencia, nos  hacen heredar Sus promesas. Debemos entender los tiempos de Dios, los cuales no se parecen a los nuestros. Esta meditación nos refresca el gozo y la  confianza en Él. Bendiciones.

1 Tesalonicenses 5:17-18; (…) Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús (…). 

Muchas veces cuando oramos al Padre, nos puede parecer que nuestras oraciones no son oídas, pues no vemos las respuestas o se demoran mucho en llegar. 
Hace algunos años, cuando hablaba con las personas sobre esperar la respuesta de Dios en SU momento (los momentos de Dios son distintos a los nuestros), les recomendaba que mientas tanto tuvieran paciencia, les recordaba que El mismo nos decía que la combinación de la Fe más la paciencia, era lo que nos hacían heredar las promesas para nuestras vidas (sanidad, libertad, prosperidad, paz y gozo en el Señor, etc.). 

    Hebreos 6:12; (…) No sean perezosos; más bien, imiten a quienes por su fe y paciencia heredan las promesas (…). 

Y les ponía un ejemplo: Uno no llega hambreado a la casa y siembra en el patio (si lo tuviera) una semilla de yuca y a la media hora le dice a la empleada “por favor hágame un churrasco y va al patio, saca una yuca de la mata que sembré y me la hace cocida al vapor para acompañar la carne”. Es imposible que la semilla de yuca ya haya dado fruto en tan corto tiempo. Por eso, a veces, debemos ser pacientes y esperar en el Señor, dándole mientras tanto gracias como si ya hubiéramos recibido su respuesta, a través de oraciones perseverantes de acción de gracias. 

Tenemos muchas peticiones, pero por mi experiencia en los grupos de oración que he participado, la mayoría de ellas se circunscriben a estos temas:  
  • Por un trabajo. 
  • Por salud para dolencias específicas.
  • Por una pareja.
  • Por un cambio de ciudad o de vida. 
  • Por casa, carro. 
  • Por tener hijos. 

Independientemente del tipo de petición que le hagamos al Padre, debemos estar convencidos que ninguna de ellas se pierde: ¡todas llegan a su destino! Por ello, hoy deseo que recordemos lo que nuestro Dios nos dice en Su palabra, a ese respecto: 

Él escucha cada una de nuestras oraciones. 
        Proverbios 15:29; () El Señor se aleja de los malvados, pero atiende a la oración de los justos (…). 

Él oye nuestras súplicas. 
       Salmo 116:1-2; (…) Amo al Señor porque ha escuchado mis súplicas, porque me ha prestado atención. ¡Toda mi vida lo invocaré! (…) 

Él inclina Su corazón hacia cada uno de nosotros cuando oramos 
       Salmo 40:1; (…) Puse mi esperanza en el Señor, y él se inclinó para escuchar mis gritos. (…) 

Él se entristece por nuestras angustias. 
       Salmo 18:6; (…) En mi angustia llamé al Señor, pedí ayuda a mi Dios, y él me escuchó desde su templo; ¡mis gritos llegaron a sus oídos! (…) 

Él se conmueve por mis lágrimas. 
       Salmo 6:8-9; (…) ¡Apártense de mí, malhechores, que el Señor ha escuchado mis sollozos! El Señor ha escuchado mis ruegos, ¡el Señor ha aceptado mi oración! (…) 

¡Sí, orar, es tener el privilegio de sembrar palabras en la Eternidad! Es igualmente la gracia de compartir lo que nos pesa, lo que nos entristece y nos abruma con Aquél que todo lo entiende, que conoce todo y que todo lo puede. Cuando abrimos nuestro corazón a Dios, le permitimos que sople en él con Su Espíritu. 

Esta palabra de hoy es de ánimo, para aquellos que estamos orando por algo específico (yo me incluyo) y no hemos recibido su repuesta, para que no desmayemos, ejercitemos nuestra paciencia y hablemos todos los días con Dios sin ningún temor, ni reproche, sino con la seguridad de que nuestra petición está siendo oída por Él. ¡Él es nuestro Padre, y está atento a todo lo que nos está pasando! 

Lo invito a terminar ahora con una oración: 

“Señor, en ocasiones pierdo la paciencia y empiezo a dudar de que usted escucha mis oraciones. ¡Perdóneme, y enséñeme a tener paciencia y a confiar en Usted! Sé que nunca se retrasa ni se adelanta, sino que siempre llega en el tiempo justo y es puntual para ayudarme. ¡Gracias por Su gracia y por Su amor! Amén” 

Yo sé que Dios tiene la solución a mis problemas, por eso persevero en mi oración: 
      Efesios 6:18; (…) orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos (…). 

Pablo Jose Ramirez

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