CONSUMADO ES
Cada día veo más paranoia en el mundo a causa de una enfermedad enviada
por el diablo. El famoso corona virus. El año pasado compartimos la secuencia de
los eventos del porvenir, antes de la segunda venida de nuestro Señor Jesús, y
la palabra nos aclara que, en los últimos tiempos veremos cada vez,
seguidamente, cosas peores. Por ello, es oportuno reforzar quienes somos en
Cristo y que autoridad tenemos delegada por Jesús, para cubrir nuestra vida y la
de nuestro entorno familiar, laboral, barrial, etc., con la sangre derramada
por Cristo, ejercitando con nuestra boca y desde nuestro espíritu, el bloqueo a
los ataques del diablo.
Salmos
91: 7-10; (…) pues mil caerán muertos a tu izquierda y diez
mil a tu derecha, pero a ti nada te
pasará (…).
Para estar tranquilos, debemos tener conciencia de cuál es nuestra posición
espiritual y que nuestro señor Jesús, ya hizo TODO lo que debía hacer, para devolvernos
la calidad de hijos de Dios, sellados por el Espíritu Santo (marcados) y por ello,
intocables por el diablo y sus maquinaciones y ataques.
Jesús vino a devolvernos nuestra condición original de hijos de Dios, cuando
fuimos creados para reinar con autoridad en este mundo, libres de
enfermedades y pobreza.
Génesis
1:26-28; (…) Al ver Dios tal belleza, dijo: «Hagamos ahora al ser humano tal y como somos nosotros.
Que domine a
los peces del mar y a las aves del cielo, a todos los animales de la tierra, y
a todos los reptiles e insectos». … quiero que llenen la tierra y la pongan bajo su dominio.
(…)
Cuando nos crearon, nos dieron dominio
sobre toda la creación. Fuimos hechos iguales a Dios.
Y Jesús nos hizo recuperar esa autoridad y poder original, que había sido
perdida por la transgresión de Adán y Eva. (Ver meditación “Entendamos nuestra
posición en Cristo”)
Para lograr eso, Jesús
tuvo que aceptar el plan de Dios, el cual incluía morir con sufrimientos en la
cruz. Y cuando cumplió ese plan volviéndose pecado para
engañar al diablo, permitió que Jesús, pudiera bajar al infierno, a quitarle
la potestad que tenía sobre el imperio de la muerte, para darnos la victoria
a los creyentes, sobre todo lo que nos ataque para matarnos y/o destruirnos.
Cuando ya se hizo
pecado, se separó espiritualmente de su Padre (Dios resiste el pecado) y
empezó a sufrir los rigores del hombre sin el lleno del Espíritu Santo. Se dio
cuenta que era un hombre natural, sin la presencia de Dios y exclamó
desgarradoramente la frase más dolorosa de su vida terrenal.
Mateo 27:45-46; (…) Desde el
mediodía y hasta las tres de la tarde, toda la tierra quedó en oscuridad. A esa
misma hora, Jesús gritó con fuerza: «Elí, Elí, ¿lemá sabactani?» (es decir:
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)
E inmediatamente después,
dijo las siguientes palabras:
Juan 19: 28 y 30; (…) Después de
esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la
Escritura se cumpliese: Tengo sed. …Cuando Jesús hubo tomado el vinagre,
dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu
(…).
Veamos otra versión:
Juan 19:28 y 30; (…) Jesús sabía
que ya había hecho todo lo que Dios le había ordenado. Por eso, y para que
se cumpliera lo que dice la Biblia, dijo: «Tengo sed». Él probó el
vinagre y dijo: «Todo está cumplido». Luego, inclinó su cabeza y murió.
¿Y que fue lo que
terminó para decirle a Dios el Padre que ya todo estaba cumplido o consumado?
Veámoslo en la palabra:
Colosenses 2:13-15
Versión Reina Valera
Y a vosotros, estando muertos en pecados y
en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él,
perdonándoos todos los pecados, anulando el acta
de los decretos que había contra nosotros,
que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y
despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente,
triunfando sobre ellos en la cruz.
Versión
Lenguaje Sencillo
Antes, ustedes estaban muertos, pues eran
pecadores y no formaban parte del pueblo de Dios. Pero ahora Dios les ha dado
vida junto con Cristo, y les ha perdonado todos sus pecados.
La ley escrita estaba en
contra de nosotros, pero Dios le puso fin por medio de la muerte
de Cristo en la cruz.
Dios les quitó el poder a los
espíritus que tienen autoridad, y por medio de Cristo los humilló delante de
todos, al pasearlos como prisioneros en su desfile victorioso.
Jesús
anuló todo lo que nos condenaba y que estaba escrito en la ley de Dios. Todas
las enfermedades y maldiciones decretadas en el antiguo testamento, antes de la
venida de Cristo, para todos los que transgredieran los mandamientos. Entre
ellas veamos esta maldición:
Deuteronomio 28:21-22; (…) El Señor te
infestará de plagas, hasta acabar contigo en la tierra de la que vas a tomar
posesión. El Señor te castigará con epidemias mortales, fiebres malignas
e inflamaciones, con calor sofocante y sequía, y con plagas y pestes sobre
tus cultivos. Te hostigará hasta que perezcas. (…)
Con
su sacrifico, Jesús “anuló esa acta de decretos que había contra nosotros”.
Terminó el plan de Dios, al entregarle su preciosa sangre no contaminada por el
pecado, como ofrenda para perdonarnos y para adquirir de nuevo la condición de hijos
de Dios y con ello, ejercer la autoridad delegada por Jesús, para
rechazar cualquiera de los ataques del maligno, sobre todo el decreto de enfermedades.
Jesús
ya se echó encima todas las enfermedades existentes y las nuevas inventadas por
el diablo. Por esa llaga sanguinolenta en que se convirtió su cuerpo, por los
latigazos en su carne, ya FUIMOS sanados (no seremos, ya fuimos) de cualquier
enfermedad.
Isaías
53:5; (…) Mas Él fue herido[a] por nuestras
transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz,
cayó sobre Él, y por sus heridas
hemos sido sanados (…).
Versión
Dios habla hoy
(…) Pero fue
traspasado a causa de nuestra rebeldía, fue atormentado a causa de nuestras maldades;
el castigo que sufrió nos trajo la paz, por sus heridas alcanzamos la salud (…)
Ya está
todo consumado.
Somos libres de cualquier enfermedad. Declarémosle al diablo en su cara esta
verdad:
“Diablo puerco y mentiroso, usted no me puede tocar ni a
mí, ni a mi familia ni a mi entorno, mientras esté en este mundo. Usted ya fue
derrotado y no tiene ninguna autoridad sobre mi vida, Rechazo su ataque de corona
virus y le recuerdo que soy un hijo de Dios sellado por el Espíritu Santo y
para usted, soy intocable, pues mi casa, mi familia y mi entorno, están
cubiertas con la sangre de Cristo. Fuera de mi vida, en el nombre de Jesús”
Y
duerma tranquilo pues TODO ESTA CONSUMADO.
Es palabra
de Dios.
Pablo José

Comments
Post a Comment