CUIDADO CON LAS 3 P
El
pecado nos da un deleite temporal. Siempre ha sido una artimaña del diablo,
disfrazar todo lo que nos hace daño y nos separa de Dios, con apariencia
agradable a los sentidos corporales. Es hermoso y deseable, es agradable, da
status. Por eso la gente del mundo lo acepta y adquiere o consume.
1
Juan 5:19; (…) Sabemos
que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno (…).
Un
típico ejemplo de cómo el mundo y sus deleites pecaminosos nos atrae, son las
propagandas de licor. Las hacen mujeres y/o hombres hermosos y supuestamente
exitosos, en lugares lindos, de categoría o de diversión con playa, brisa y
mar. Pero no le muestran al espectador el guayabo tan horrible del día después,
ni las consecuencias que le trajo esa resaca, tanto a su salud como a su bolsillo.
Vivimos
en un mundo plagado de pecado. El maligno usa todo medio disponible para que
sus “dardos de fuego” de pensamientos pecaminosos (Efesios 6:16) inflamen la
mente del cristiano. El apóstol Juan advirtió en cuanto a los peligros del mundo,
que es en donde está nuestro campo espiritual de batalla, en su primera
epístola. Allí dividió las seducciones mundanas en tres categorías.
1
Juan 2:16; (…) Porque
todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos,
y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo (…) .
Y
esas son las 3 Ps que permanentemente nos atacan e inducen al pecado:
Pasiones
= Los deseos de la carne
Posesiones
= Los deseos de los ojos
Posiciones
= La vanagloria de la vida.
Moisés
vivió hasta sus 40 años como nieto del faraón en Egipto, con toda clase de
lujos, posesiones y deleites corporales al alcance de su mano. Pero al creer en
Dios y entender el propósito para el que lo trajo al mundo, como era liberar a
su pueblo oprimido por a la esclavitud egipcia, se apartó de las 3 Ps y cambió
el rumbo de su vida para siempre.
Hebreos 11:24-25; (…) Por la fe Moisés,
hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo
antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites
temporales del pecado (…).
Las
3 Ps, son las herramientas que usa el diablo en su propósito permanente de separarnos
de la protección de Dios, pues él sabe que separados de Dios NADA podemos hacer
y somos sus presas fáciles para sucumbir ante sus ataques, que solo buscan
robar, matar y destruir a los hijos de Dios.
1.
Pasiones: Los deseos de la carne es todo
aquello que apela al apetito carnal o físico y causan placer a la carne. Aunque los deseos naturales del cuerpo no son malos
per se, como por ejemplo la necesidad de comida, bebida y satisfacción sexual;
el diablo puede usar estas cosas, que son lícitas dentro de sus límites,
para esclavizar al hombre En esta categoría de tentación, el maligno usa los
deseos internos lícitos para producir pasiones carnales ilícitas, como la
glotonería, la fornicación, el adulterio, las borracheras, las orgías, la
drogadicción. El diablo trató de tentar
a Jesús por medio de los deseos de la carne cuando le propuso que convirtiera las
piedras en pan (Mateo 4:3).
1
Corintios 10;23; (…)
Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero
no todo edifica (…)
La carne es egoísta. No quiere dejar
de ver TV, no quiere levantarse a hacer ejercicio, etc. Nuestra mente debe controlar
nuestra carne con la ayuda de la palabra de Dios. Desde pequeños debemos aprender
a ponerle límites a la carne. Por eso debemos educar a nuestros hijos y obligarlos
a hacer caso cuando les pedimos que dejen los juegos para hacer las tareas, o
que se levanten para bañarse e ir al colegio, o cuando los reprendemos por el
berrinche que forman cuando quieren que les compremos alguna chuchería que les
gusta, etc.
2.
Posesiones: Los deseos de los ojos, es todo
aquello que satisface las demandas insaciables de la vista y lo queremos tener
como sea. En esta categoría de tentación, el maligno usa la atracción externa,
que de por sí puede ser buena, como el deseo de una casa o un carro, o tala,
como el deseo de la mujer (hombre) del prójimo, para generar codicia. Dios quiere
que seamos bendecidos, pero no desea que nos domine el deseo por la plata, la
avaricia y las exageraciones.
El
diablo trató de tentar a Jesús por medio de los deseos de los ojos cuando “le
mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te
daré, si postrado me adorares” (Mateo 4:8-9).
3.
Posiciones: La vanagloria de la vida, es todo
aquello que induce a la jactancia, arrogancia, orgullo o soberbia. En esta
categoría de tentación el maligno usa el ego por los logros personales, el
reconocimiento público, el status, la popularidad, el éxito académico, etc.,
para generar una actitud soberbia y autosuficiente. Cuando la persona cae presa
de la vanagloria de la vida, ya no existe lucha contra la carne; el maligno ha
ganado la batalla sensual e intelectual.
El
diablo también trató de tentar a Jesús por medio de la vanagloria de la vida
cuando “le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo” y
le sugirió que desafiara a Dios
Mateo
4:5-7; (…) Entonces
el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y
le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles
mandará acerca de ti, m y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces
con tu pie en piedra (…)
Nunca debemos buscar afanosamente
posiciones en este mundo, sino asegurar nuestra posición en el cielo.
Mientras
luchamos diariamente con las atracciones de este mundo, recordemos lo que Dios
nos dice en Su palabra:
1 Juan 2:17; (…) el mundo pasa, y sus deseos;
pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (…)
Jesús
fue tentado con las 3 Ps y venció al diablo con la palabra de Dios. Él nos
demostró que la tentación en sí, no es pecado. El pecado se consuma cuando caemos
en ellas.
Es palabra de Dios. Bendiciones.
Pablo
José

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