DESARROLLEMOS HÁBITOS QUE AGRADEN A DIOS


No hay mal que por bien no venga, dice el adagio popular. Y creo que este tiempo de confinamiento es el apropiado para lograr algunos cambios de hábitos, que beneficien nuestra antigua manera de vivir (antes del COVID).



El cirujano plástico de la Universidad de Columbia, Maxwell Maltz, en la década de 1950 empezó a darse cuenta de un patrón que seguían sus pacientes: Cuando les modificaba algún rasgo de la cara, por ejemplo, la nariz, les llevaba 21 días acostumbrarse al nuevo aspecto. Observó también que el síndrome del miembro fantasma en los amputados (tengo experiencia personal en esto) seguía el mismo patrón de los 21 días.  Concluyó entonces: “Estos y muchos otros fenómenos observados comúnmente tienden a mostrar que se requiere de un mínimo de 21 días para que una imagen mental establecida desaparezca y cuaje una nueva. Y ahí está a clave para mejorar y transformar su vida”.

Nuestro Padre nos recuerda, que el único trabajo que debemos hacer Sus hijos, después de recibir a Cristo, si queremos conocer su perfecta y buena voluntad hacia nosotros, es renovar nuestra mente o nuestro entendimiento, cambiando los pensamientos humanos carnales, por los pensamientos de la palabra de Dios. Y para ello debemos cambiar nuestros hábitos de lectura, leyendo a diario Su palabra, plasmada en la Biblia, el libro de las instrucciones, guianzas y recomendaciones, como también el compendio de la herencia que nos dejó Jesús en el Nuevo Testamento, después de Su muerte.
Romanos 12:2; (…) Y no se adapten (no se conformen) a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable (agradable) y perfecto (…).

William James, uno de los padres de la psicología moderna, escribió Habit, un ensayo que incluyó en su libro Principios de psicología (1890), obra de referencia de esta ciencia. En él mencionaba que, aprender nuevas habilidades puede tener un efecto en la estructura física del cerebro, modificándolo y estableciendo nuevas relaciones y circuitos neuronales, que a su vez alteran su funcionamiento. El cerebro es un órgano moldeable y cada destreza aprendida, lengua estudiada o experiencia vivida, reconfigura nuestro mapa cerebral.

Dios quiere que desarrollemos el hábito de conocer Su palabra, meditarla, buscarlo a Él cada mañana, para recibir su guía, tener comunión íntima, darnos de Su gracia y misericordia, escuchar de nuestra boca los acontecimientos que vivimos el día anterior y orientarnos para los sucesos del día que comienza.

Hábito: Es cualquier comportamiento repetido regularmente, que requiere de un pequeño o ningún raciocinio y es aprendido, más que innato. El hábito predispone a un sujeto para la realización perfecta de una tarea o actividad. Los métodos comúnmente usados para adquirir nuevos hábitos son:
ü  Sustituir la acción habitual por una nueva;
ü  Repetir el comportamiento hasta que se vuelva agradable;
           
¿Cómo se forman los hábitos? Nadie nace con ellos, se adquieren, no suceden sin ser ocasionados. Los conocimientos, valores, ideas, sentimientos y experiencias significativas, definen los hábitos de cada persona. Por lo tanto, los hábitos se crean, no se obtienen por herencia, se pueden volver necesidades y nos llevan a realizar acciones automatizadas.
Deuteronomio 11:18-21; (…) Por lo tanto, comprométete de todo corazón a cumplir estas palabras que te doy. Átalas a tus manos y llévalas sobre la frente para recordarlas. Enséñalas a tus hijos. Habla de ellas en tus conversaciones cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Escríbelas en los marcos de la entrada de tu casa y sobre las puertas de la ciudad, para que, mientras el cielo esté sobre la tierra, tú y tus hijos prosperen en la tierra que el SEÑOR juró dar a tus antepasados (…).

Las instrucciones de nuestro Dios son claras. Si desarrollamos el hábito de estudiar, aprender, meditar, compartir y enseñar Su palabra, prosperamos EN TODO mientras estemos en este mundo.

Seguramente al principio nos cueste dejar de dormir un poquito más en la mañana, y debamos obligarnos a cambiar el hábito para madrugar, pero si durante 21 días seguidos hacemos el esfuerzo de levantarnos a orar, a buscarlo, se nos vuelve un EXCELENTE, AGRADABLE y PRODUCTIVO HÁBITO.

Cuando Dios quería que su pueblo recordara algo importante, les pedía que lo escribieran. Si queremos aprender el hábito de buscar primero a Dios por la mañana, de repente podemos ayudarnos a recordar de llevar a cabo nuestro nuevo intento, pegando papelitos por toda la casa o apartamento, y EL hará que nuestros caminos sean exitosos.
Josué 1:7-9; (…) Sólo te pido que seas muy fuerte y valiente. Así podrás obedecer siempre todas las leyes que te dio mi servidor Moisés. No desobedezcas ni una sola de ellas, y te irá bien por dondequiera que vayas. Nunca dejes de leer el libro de la Ley; estúdialo de día y de noche, y ponlo en práctica, para que tengas éxito en todo lo que hagas. Yo te pido que seas fuerte y valiente, que no te desanimes ni tengas miedo, porque yo soy tu Dios, y te ayudaré por dondequiera que vayas.

Saquémosle algo bueno a este encierro. Adquiramos el hábito de buscar a Dios y a Su palabra todos los días del resto de nuestra vida. Después de 21 días, es imposible dejar de leer y meditar Su palabra. Los deportistas saben de qué hablo.

Bendiciones

Pablo José


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