ENTENDAMOS CUAL ES NUESTRA POSICIÓN EN CRISTO.
Para un creyente es muy importante entender algunos
principios básicos de nuestra nueva realidad con y sin Cristo. Debemos entender
que fue lo que logró nuestro amado Señor Jesús en la cruz del calvario con su
sacrifico. Que fue lo que nos heredó. Cuál fue su maravilloso paquete de
regalos. Y cómo debemos vivir de acuerdo a esa herencia que obtuvimos, por Su
infinito amor a la humanidad perdida. Al entender nuestra verdadera POSICIÓN en
Cristo, viviremos de acuerdo a esas realidades espirituales.
Solo podemos tener una de dos posiciones posibles, mientras
vivamos en este mundo. Sin Cristo, en la tierra, como hombres naturales, o con
Cristo en la tierra, como embajadores del reino de los cielos, sentados con Él
espiritualmente en el Trono de la Gracia, a la derecha de Dios el Padre.
a)
Sin Cristo: Solo tenemos vida natural. Cuerpo y
alma. Pensamientos, sentimientos y emociones. Muertos espiritualmente y por
ello, separados de Dios. El destino es el infierno.
2
Pedro 2:9-12; (…) Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y
reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio; y mayormente
a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia,
y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de
las potestades superiores, mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza
y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del
Señor. Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para
presa y destrucción, perecerán en su propia perdición (…).
b)
Con Cristo: Nacemos de nuevo en el espíritu el
cual se conecta al Espíritu de Dios. No cambiamos físicamente. Somos hechos completos,
espíritu con alma dentro de un cuerpo. Empieza la obra del Espíritu Santo en nuestro
interior. El velo de satanás (que no nos permitía entender, ni oír las verdades
del evangelio de Cristo), es quitado. Empieza la renovación de nuestra mente cambiando
los pensamientos mundanos por la palabra de Dios, para llenar de luz todas las áreas
de nuestra vida. Morimos a la carne y empezamos a crecer espiritualmente. Nuestra
posición es dentro del cuerpo de Cristo y así como El ascendió al tercer cielo,
nosotros ascendemos con El y ahora, estamos sentados junto con Cristo a la derecha
de Dios El Padre. Tenemos presencia en el trono de la Gracias y podemos hablar
confiadamente con nuestro Padre Dios, para buscar Su amparo, ayuda y consuelo
en nuestras tribulaciones.
Trataremos de explicar, con la ayuda del
Espíritu Santo, que fue lo que hizo Dios El Padre por medio de Su hijo Jesús,
para recuperar a la humanidad perdida desde la transgresión de Adán y Eva, por cuya
causa perdimos nuestra posición en el cielo y fuimos expulsados a la tierra,
para ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente. Analizaremos en su
contexto estos versículos:
Romanos 3:21-24; (…) Pero ahora,
aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por
la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en
Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por
cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados
gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo
Jesús (…).
Acá se nos aclara todo lo que logró
Jesús para los que en Él creemos.
Miremos la secuencia:
a)
Todos pecamos por herencia de Adán.
b)
Por ello, perdimos nuestra posición original en
el cielo y fuimos destituidos de la gloria de Dios separándonos de Su presencia,
al ser expulsados a la tierra.
c)
Teníamos que ser rescatados o redimidos,
pues quedamos encarcelados por el diablo.
d)
Para sacar algo de una prendería, se debe pagar
el precio del rescate. Nuestra redención de la prendería de satanás la
pago Jesús con su preciosa sangre.
e)
Mientras estábamos encarcelados, se presentaba
la siguiente situación:
ü
Estábamos siendo juzgados por nuestros pecados.
ü
Dios es el juez justo en esa corte.
ü
satanás nos acusaba de ser pecadores, y transgresores.
Él es el acusador, el fiscal que pedía nuestra muerte eterna, como
castigo por las transgresiones.
ü
Jesús es nuestro abogado defensor en ese juicio.
ü
Cuando satanás pedía nuestra condena de muerte eterna
en el infierno, Jesús asume nuestra defensa y argumenta ante el Juez: “Padre,
yo asumí los pecados de Pablo José, yo pagué el precio por él con mi sangre. Se
la ofrecí a usted como la libranza o pago para redimirlo de las garras de satanás.
Pido justicia para él pues yo ya asumí su castigo con mi muerte en la cruz del calvario.
Y Pablo José creyó en mí y aceptó ese regalo para su redención, justificación
y salvación del castigo. Él es libre de la cárcel a la que lo quiere llevar por
siempre satanás, pues yo ya pagué el rescate que ese diablo pedía”.
ü
Y el Juez justo imparte justicia y decreta. Justificado,
redimido y libre es, por la fe que demostró en el sacrifico y el pago que hizo
Jesús por él.
f)
Y así se ha manifestado la justicia de Dios en
nuestras vidas, por medio de la fe en Jesucristo.
g)
Por último, se concretó la RECONCILIACIÓN del hombre
pecador con Dios, por medio de Jesucristo. Era la única manera de poder hacer
las paces con el Padre, cruzando el abismo que nos tenía separados, a través de
la cruz de Cristo.
Veamos
las citas que nos explican el proceso y esa nueva posición de libertad en
Cristo.
1 Juan 2:1; (…) Hijitos míos, estas cosas os
escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos
para con el Padre, a Jesucristo el justo (…).
1
Pedro 1:18-20; (…) Ustedes saben que
fueron rescatados de una vida sin sentido, la cual heredaron de sus
padres; y que ese rescate no se pagó con cosas corruptibles, como el oro y
la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, sin mancha y sin
contaminación, como la de un cordero (…).
Colosenses
1:13-14 Dios también nos ha librado del poder de la oscuridad y nos
ha trasladado al reino de Su amado Hijo, en
quien tenemos redención por Su sangre, el perdón de los pecados (…)
Apocalipsis 12:10; (…) Entonces
oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el
poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche (…).
Romanos 5:10; (…) Porque si
siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo,
mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida (…).
Desde la perspectiva humana, nuestro
Señor fue asesinado cruelmente. Pero desde la perspectiva divina. ¡Jesús dio
Su vida por los pecadores! Cuando Isaac hizo la pregunta en Génesis 22:7,
“¿Dónde está el cordero para el holocausto?” Juan el Bautista la contestó, años
después, señalando a Cristo, y diciendo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita
el pecado del mundo”.
En Cristo, hemos sido:
ü Justificados.
ü Rescatados,
redimidos.
ü Reconciliados
o Propiciados con y ante Dios.
ü Salvados
Asumamos entonces nuestra verdadera
POSICION ESPIRITUAL: Somo hijos de Dios. Estamos sentados con Cristo en lugares
celestiales a la derecha del Padre. Desde esa posición tenemos autoridad y
poder sobre las obras del maligno.
Bendiciones
Pablo José

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