LA LEY Y LA GRACIA
Hoy
trataremos de explicar que significa vivir bajo la ley y/o vivir bajo la Gracia
de Dios.
Romanos
6:14;
(…) Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la
ley, sino bajo la gracia (…).
La
ley (los mandamientos) los definió el mismo Dios Padre, a través de Moisés, cuando
no estaba el Espíritu Santo en este mundo, para establecer la culpabilidad
del hombre por causa de su pecado.
Si
vamos a predicar adecuadamente el evangelio, debemos partir de la culpabilidad
humana y de la ira de Dios por causa del pecado.
La
Gracia es que Dios el padre, justifica al pecador, lo declara justo y lo acepta
de nuevo como Su hijo, gratuitamente, por medio de la fe en la persona y la
obra del Señor Jesucristo.
Todos
pecaron, pero ahora pueden ser justificados por medio de la fe en Jesucristo.
No somos salvos por guardar la ley, como enseña el legalista; somos salvos gratuitamente
por medio de la fe en Jesús y su obra en la cruz del calvario.
El
haber sido justificados por medio de la fe, implica que ahora tenemos paz con
Dios, que hemos sido plenamente reconciliados con Dios, y todo eso, por medio
de nuestro Señor Jesucristo.
Así
como la desobediencia de Adán trajo consigo la condenación de toda la raza
humana, también a través de la obediencia de Cristo, vino la salvación a los
hombres. Por medio de Adán entró el pecado y el reino de la muerte; por medio
de Cristo vino la justicia y el reino de la gracia.
Uno
de los propósitos de Dios al darnos la ley era mostrarnos cuán pecadores
somos. La ley no fue dada para que nosotros
tratemos de salvarnos obedeciéndola, sino
más bien para que veamos cuán terrible es nuestra condición al no poder
obedecerla.
Romanos 5:20-21; (…) Pero la ley se
introdujo para mostrar la abundancia del pecado; más cuando el pecado abundó,
sobreabundó la gracia; para que, así como el pecado reinó para muerte, así
también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo,
Señor nuestro (…).
Nunca
fue la intención de Dios salvar al hombre a través de la ley. El objetivo de la
ley es mostrar nuestra pecaminosidad, nuestra impotencia, para que vayamos a
Cristo.
Vino
la ley, y ¿qué sucedió? ¿Pudo el hombre obedecerla? No; dice Pablo que cuando
vino la ley abundó el pecado, el pecado vino a ser aún más evidente por medio
de la ley; pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia: Dios ofrece
salvación gratuita al pecador, por medio de la fe en Jesucristo, solamente por
la fe.
Esa
es la buena noticia del evangelio; eso es lo que el evangelio nos ofrece,
salvación gratuita por medio de la fe, no por medio de las obras. Si
algún día vamos a llegar al cielo no será por nuestros méritos, sino por
confiar enteramente en la obediencia de Cristo.
El
evangelio que anuncia salvación gratuita por medio de la fe, no puede ser un
incentivo para el pecado, sino todo lo contrario. No puede significar que ya no
estamos obligados a obedecer la ley moral de Dios. Por eso el apóstol Pablo continúa
diciendo: “¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la
gracia? En ninguna manera” (Romanos 6:15).
Con
base en estas aclaraciones, debemos tener clara la diferencias entre Ley y Gracia, para entender la importancia
de aprender a vivir bajo la gracia de
Dios.
Bendiciones
Pablo José

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