NUESTRA VERDADERA IDENTIDAD
Apocalipsis 5:10; (…) y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra (…).
Nuestro
Padre, Dios, nos instruye que seamos hacedores y no meros oidores de Su palabra,
para que, como sus hijos, seamos ejemplo en este mundo y lo representemos muy bien
como Sus hijos y embajadores del reino al cual pertenecemos, Su reino
celestial. Pero, cuando cometemos cualquier
transgresión, llegan los sentimientos de condenación (obra del ataque de satanás
a nuestra mente y a nuestras emociones), nos alejamos temporalmente de Su presencia,
perdemos la comunión, la guía y protección y nos olvidamos de nuestra verdadera
condición de hijos amados, adquirida cuando nacimos de nuevo espiritualmente,
por el bautismo de palabra, al reconocer a Cristo como nuestro Señor.
Es
en esos momentos que debemos recurrir a Su palabra y recordar que, si le
pedimos perdón de corazón, nos perdona hasta 490 veces al día (70 veces 7) y
se olvida de nuestros pecados, echándolos al fondo del mar.
1 Juan 1:9; (…) Si confesamos nuestros
pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de
toda maldad (…).
Isaías 43:25; (…) Yo, yo soy el que borro tus
rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados (…).
Miqueas 7:18- 19; ¿Qué Dios como tú, que perdona
la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo
para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a
tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo
profundo del mar todos nuestros pecados (…).
Pensemos
en nuestros padres en lo natural. Cuantas veces les faltamos al respeto, los desobedecimos,
nos alejamos de la comunión con ellos, pero, nunca dejamos de ser sus hijos,
seguimos llevando su apellido y si les pedíamos perdón por las ofensas, había inmediata
reconciliación y gozo en la familia entera.
Por
eso, debemos asimilar de una vez por todas, cual es nuestra verdadera realidad espiritual.
Somos HIJOS de Dios. Tenemos su ADN. Cristo nos hizo ser aceptados como hijos y
herederos de todas sus riquezas y bendiciones. Cuando nos equivocamos, nos reconciliamos
muy rápido si lo buscamos de corazón y recuperamos nuestro lugar en la familia de
Dios. Volvemos a ser los hijos del Rey de Reyes, del Creador del Universo, del
que todo lo puede en todo.
.
Los
hijos de los reyes no tienen nunca preocupaciones por nada en este mundo. Miremos
tan solo los hijos de los reyes de Inglaterra. ¿Cuándo han tenido que preocuparse
por algo cotidiano como nos ha tocado a nosotros? Educación, alimento, niñeras,
mayordomos, cocineros, vacaciones, posesiones, servicio personal, lujos, joyas,
autos, aviones, en fin, lo que pidan se les concede. Son los hijos del rey y
actúan a diario como tales. Ordenan y se les atienden sus deseos. Como dicen,
son de sangre azul, distinta a la del común.
Pues
les tengo una noticia muy agradable hoy. No somos lo que el mundo dice. Somos lo
que la palabra de Dios dice. Veamos algunos ejemplos de nuestra verdadera identidad:
Juan
1:12; Soy hijo de Dios
Juan
15:15; Como discípulo,
soy amigo de Jesucristo
Romanos
5:1; He sido justificado.
1
Corintios 6:17; Estoy unido con
el Señor, y soy uno con Él en espíritu
1
Corintios 6:19-20; He sido comprado con
precio de sangre y le pertenezco a Dios
1
Corintios 12:27; Soy un miembro del
cuerpo de Cristo
Efesios
1:3-8; He sido escogido por
Dios y adoptado como su hijo
Colosenses
1:13-14; He sido redimido y perdonado de
todos mis pecados
Colosenses
2:9-10; Estoy completo en Cristo
Hebreos
4:14-16; Tengo acceso directo al trono
de la gracia a través de Jesucristo
Romanos
8:1-2; Estoy libre de condenación
Romanos
8:28; Estoy seguro de que Dios
obra para mi bien en todas las circunstancias
Romanos
8:31-39; Soy libre de cualquier
condenación en mi contra, y no puedo ser separado del amor de Dios
2
Corintios 1:21-22; He sido establecido,
ungido y sellado por Dios
Colosenses
3:1-4; Estoy escondido con Cristo
en Dios
Filipenses
1:6; Confío en que Dios completará
la buena obra que empezó en mí
Filipenses
3:20; Soy ciudadano del cielo
2:
Timoteo 1:7; No se me ha dado
un espíritu de cobardía sino de poder amor y dominio propio
1
Juan 5:8; Soy nacido de
Dios y lo malo no me puede tocar
1
Juan 15:5; Soy un pámpano
de Jesucristo, la Vid verdadera y un canal de su vida
Juan
15:16; He sido escogido y
señalado para llevar fruto
1
Corintios 3:16; Soy el templo de
Dios
2
Corintios 5:17-21; Soy un ministro de
reconciliación por Dios
Efesios
2:6; Estoy sentado con
Cristo en lugares celestiales
Efesios
2:10; Soy una obra de Dios
Efesios
3:12; Puedo acercarme a
Dios con libertad y con confianza
Filipenses
4:13; Puedo hacer todas las
cosas a través de Cristo quien me fortalece
Ese
es nuestro ADN. Somos los hijos del Rey de Reyes. Solo abrimos la boca,
ordenamos cualquier cosa con base en Su palabra y es un decreto real que deben
cumplir todas las huestes de maldad, los principados y las potestades del reino
de las tinieblas y la oscuridad. Tenemos protección personal enviada por Dios, quienes
cuidan de nosotros en todos los aspectos.
Hebreos 1:14; (…) ¿No son todos ellos espíritus
ministradores, enviados para servir por causa de los que heredarán la
salvación? (…).
Salmos 91:11; (…) Pues El dará órdenes a sus
ángeles acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos (…).
Después
de que el Espíritu Santo nos recuerda hoy quienes somos, preguntémonos:
¿Cuál
corona virus me atacara a mi o a mi familia o a mi entorno? Ninguno,
pues hoy nuevamente le recuerdo a ese virus, que, en el nombre de Jesús,
tiene prohibida la entrada a mi hogar.
Actuemos
como lo que somos. Reyes y sacerdotes en nuestro hogar y entorno. Saquemos a relucir
a estas huestes de maldad nuestro ADN y nuestra verdadera identidad.
Bendiciones
Pablo
José

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