QUE EL SOPLO DE LOS VIENTOS NO TE ASUSTE.
A propósito del caso de la epidemia
“corona virus” que se está propagando a nivel mundial, y ahora se volvió la
noticia casi que diaria, con el subsecuente grado de pánico que en algunos casos
se vuelve paranoia, Jesús nos manifiesta que Él siempre
está presente en medio de la tempestad y en el momento adecuado la calmará. Hablará con ella, y con una sola palabra la reducirá al
silencio.
De hecho, cada uno de nosotros
Sus hijos, tenemos la autoridad delegada por Jesús para rechazarla en
nuestras vidas, Hablando Su palabra, y ejerciendo esa autoridad en nuestro
entorno, llámese familia, barrio, ciudad, donde nos movemos y convivimos. Las
tormentas se aplacan o calman, reprendiéndolas en el nombre de Jesús.
Veamos Su ejemplo:
Mateo 8:24-26; (…) En
esto se desató sobre el lago una tormenta tan fuerte que las olas cubrían la
barca. Pero Jesús se había dormido. Entonces sus discípulos fueron a
despertarlo, diciéndole: ¡Señor, sálvanos! ¡Nos estamos hundiendo! Él les
contestó: ¿Por qué tanto miedo? ¡Qué poca fe tienen ustedes! Dicho esto, se
levantó y dio una orden al viento y al mar, y todo quedó completamente
tranquilo (…).
Igual nos recuerda que mientras
vivamos en este mundo, así como Él lo vivió, tendremos varias clases de tribulaciones
y algunas de ellas serán como grandes tormentas. Pero, igualmente nos recordó
que Él está con nosotros y que esas tormentas son terrenales, del mundo y Él ya
lo venció, así que cualquiera de sus manifestaciones (epidemias, virus,
terremotos, Tsunanis, ataques de bandidos, maquinaciones en nuestra contra, etc.)
tienen que obedecer a Su palabra, cuando nosotros la hablamos para reprenderlas
en Su nombre.
Juan 16:33; (…) Estas
cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tenéis
tribulación; pero confiad, yo he vencido al mundo (…).
Cuando oigamos el viento y el
soplo de las borrascas, cuando sintamos que el mar se levanta y las olas se
desencadenan, ¡no temamos! ¡Hablémosles! ¡Ordenémosles que se calmen!
En esos momentos debemos refugiarnos
en los brazos de Jesús. Nada ni nadie podrá hacer que nos hundamos si estamos
acompañados de Jesús en nuestro diario vivir. Él nos calma las tormentas.
El amor de Jesús por cada uno
de los hijos de Dios, supera la fuerza de los elementos. Frente a
la tempestad por la que podamos atravesar, el es el faro que nos conduce siempre
a buen puerto. Nada nos puede arrancar de los brazos con que Dios nos arropa,
mientas caminemos en este mundo. Como niños a su cuidado, Él nos lleva agarrados
de Su mano.
Romanos 8:35; (…) ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia,
o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
Nuestro Dios nos recuerda hoy que Él es nuestro
socorro siempre:
Isaías 41:14; (…) “No temas… yo
soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor” (…)
Es momento de recordar todo lo que Dios por medio
de Jesús, ha hecho por cada uno de nosotros hasta el día de hoy:
· Perdonó nuestras culpas
· Nos compró con el precio de la sangre
de su único y amado hijo.
· Nos regaló la vida eterna…
… y podríamos seguir y seguir enumerando tantas
cosas que Él ha hecho y hace por nosotros cada día, a cada instante, lo cual nos
debe llevar a reforzar el convencimiento de que no hay nada que Él no haga por
nosotros. Si creemos que Jesús nos ama hasta el punto de haber dado Su
vida en la cruz por nosotros, ¿no podemos creer que Él también nos quiere
ayudar con ese problema que estamos enfrentando ahora mismo?
El famoso teólogo Emil Schürer, escribió estas
palabras, que nos pueden alentar en estos días:
“¡No
tengas miedo a nada! ¡Te amo, estoy contigo!” ¡Esta es la promesa suprema que
sostiene mi fe! Los peligros se acercan con sigilo, sutilmente. De cerca
me rodean, ¡pero más cerca está Jesús, quien no deja de repetirme en el camino:
“¡Soy yo, no tengas temor! No temas a nada, sino al contrario, ¡ten ánimo!
¡Estoy siempre contigo!”
Bendiciones
Pablo José

Comments
Post a Comment