APLIQUEMOS LA PALABRA DE DIOS


Dios nos conmina o insta a que apliquemos Su palabra en nuestras vidas.
Isaías 42:23; (…) ¿Quién de vosotros oirá esto? ¿Quién atenderá y escuchará respecto al porvenir? (…)
I Corintios 10:11; (…) Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos (…).
2 tesalonicenses 3:4; (…) Y tenemos confianza respecto a vosotros en el Señor, en que hacéis y haréis lo que os hemos mandado (…).


A menudo lo que hacemos cuando estudiamos la Biblia es acumular conocimiento en nuestras mentes carnales, pero, ¿llevamos a la práctica o aplicamos en nuestra forma de vida diaria lo que hemos aprendido??
Las preguntas que nos debemos hacer siempre que leamos un versículo son:
¿Qué significa ese pasaje para mí?; ¿Para mi familia?; ¿Para mis amigos?; ¿Para mi vecindario?; ¿Para mi trabajo?; ¿Para mi país?; ¿Para mi iglesia?
El propósito de las sagradas escrituras es que nuestra vida sea transformada a través de pequeños pero continuos cambios en nuestro comportamiento.

¿Como me transformo?
Si permito que cada pasaje o versículo de la Biblia, me dé una nueva perspectiva de la vida y provoque en mi comportamiento un cambio pequeño para mejorar. La palabra de Dios debe aplicarse.
Santiago 1:22; (…) Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos (…).

Aplicación no es acumulación de conocimientos.
El cocimiento:
1.         Ayuda a descubrir y entender los hechos y los conceptos.
2.         Da comprensión, pero no trae la revelación, lo cual impide que uno crea y cambie.
3.         Ilustra una situación particular de alguien en el Antiguo o Nuevo testamento, pero no nos da dirección para nuestro caso particular.
4.         Nos ayuda a constatar que una lección que fue veraz en el Antiguo o Nuevo Testamento, también es veraz hoy, pero no nos enseña cómo aplicarla a nuestros problemas y presiones de la vida individual diaria.

Aplicación es:
1.         Conocer y entender la palabra de Dios y Sus verdades eternas.
2.         Lograr que la palabra de Dios me enseñe lo que debo hacer, con lo que estoy leyendo.
3.         Motivarme a responder por lo que Dios me está enseñando.
4.         Llevar a la práctica del diario vivir lo que hemos aprendido.
5.         Una parte vital de nuestra relación personal con Dios.
6.         La evidencia de que LO estamos obedeciendo.
7.         Poner en práctica lo que ya sabemos

Marcos 4:24; (…) Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís (…).
Hebreos 5:14; (…) pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal (…).
Debemos enfrentarnos a las preguntas correctas y motivarnos para actuar.

I Juan 2:5,6; (…) Pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo (…).
Santiago 2:17; (,) Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
La fe del cristiano implica aplicar la palabra. Esa es la obra suprema, lograr que la palabra cambie mi comportamiento haciéndolo parecido al modelo perfecto de vida que es Jesús.  Yo tengo fe en que me saldrá el trabajo, pero si no hago la obra de elaborar la hoja de vida e ir a entregarla, el trabajo no me va a ir a buscar a la casa.

La lucha interior entre el espíritu renacido y el hombre carnal.
Romanos 7:19-22; (…) No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que está en mí Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí, pues según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros (…).
Después que nacemos de nuevo, hay una guerra entre mi cuerpo; mi mente y mi espíritu. El verdadero yo, mi espíritu, quiere hacer las cosas correctas, pero hay otra ley trabajando en mi cuerpo que quiere seguir haciendo lo mismo de siempre. El espíritu quiere seguir siempre a Dios.
Por ejemplo: A las 5 a.m. mi espíritu quiere levantarse y orar a Dios. Mi cuerpo quiere quedarse en la cama por pereza. Mi alma dice oro en lenguas más tarde.
Si mi mente no es renovada con la palabra de Dios, siempre va a seguir eligiendo hacer las cosas que estaba haciendo antes. Por eso tenemos que hacer algo con nuestro cuerpo y nuestra mente como vemos en:
Romanos 12: 1-3 La nueva vida. (…) Por lo tanto, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto. No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno (…).
la palabra de Dios lava o renueva mi mente. necesito disciplina, constancia y trabajo continuo para lograr renovar mi mente.
Lo primero que debo hacer para renovar, fortalecer mi espíritu es renovar mi mente con la palabra de Dios.
Yo debo elegir colocar la palabra de Dios en mi mente, estudiándola y Dios con su palabra hace su trabajo dándome el entendimiento.
Hebreos 4:12; (…) La palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (…).

Al tener la palabra de Dios en mí, yo pienso como Dios piensa, sigo las orientaciones de su palabra y domino mi mente y mi cuerpo. Los problemas no están en mi espíritu. El apóstol Pablo dice que el espíritu se deleita en la ley de Dios (con la palabra de Dios). Dios nos da un nuevo corazón cuando nacemos de nuevo, el cual quiere siempre seguirlo.

Bendiciones

Pablo José

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