BAJANDO LA PALABRA DE DIOS AL CORAZÓN.


Nuestro Padre nos recomienda leer la palabra, de manera que conozcamos que es lo que Él quiere y nos ofrece para vivir muy bien nuestra vida terrenal, y, de paso, para conocer la herencia de salvación y vida eterna que nos regaló, por medio de Su amado hijo, Jesús.


Pero, adicionalmente nos recomienda que esas palabras, que son nuestras armas para la guerra que nos tiene declarada el enemigo satanás, las guardemos en nuestro corazón.
Proverbios 4:20-21; (…) Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón (…).

¿Y para que nos da ese consejo? Para usarlas con nuestra boca, cuando las necesitemos para superar cualquier situación jarta que enfrentemos en nuestra vida
Lucas 6:45; (…) El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca (…).

Y ese proceso posterior a leer y entender la palabra, es meterla en el corazón a través del ejercicio de meditación.
Josué 1:8; (…) Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito (…).

Así es que, para poder ponerla en práctica, la guardamos en el corazón como el tesoro más eficaz, para usarla en nuestro diario quehacer.
Santiago 1:21-22; (…) Por esto, despójense de toda inmundicia y de la maldad que tanto abunda, para que puedan recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles la vida. No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. (…)

Al meditar la palabra, habilito mi espejo espiritual y me veo como soy de verdad en mi corazón. La palabra de Dios es la ley perfecta de la libertad. La palabra de Dios se compara con un espejo, el cual me da una reflexión de mí mismo. Me muestra como soy yo ahora y no como era antes ni como seré después. El espejo en este mundo (de uso diario) no me miente sobre mi estado físico actual. Me muestra como soy yo ahora mismo.

De la misma forma, cuando nos miramos en el espejo de la palabra al estudiarla y meditarla, no podemos engañarnos en cuanto a que tanto de ella estamos aplicando de esas instrucciones de Dios para edificar nuestra vida personal, y, por eso, no podemos olvidarnos de que clase de persona somos ante los ojos de Dios en ese momento de reflexión íntima y personal.

El espejo tiene dos funciones:
Primer propósito: Mostrarme tal cual soy. Al mirarme pienso: me tengo que arreglar pues estoy muy desgreñado, debo ponerme a dieta pues ya tengo mucha papada, debo peinarme, lavarme la cara, etc. Eso hace la palabra de Dios en mi apariencia espiritual. Me pone a pensar: no estoy orando, no me estoy congregando, no estoy diezmando no ofrendando, estoy con tal hábito maluco, sigo odiando a alguien, no controlo mi mal genio, etc. La palabra me redarguye todos los días, pues me hace ver mis defectos espirituales a través del Espíritu Santo, quién me sopla la palabra de Dios en mi espíritu, sacándola de mi corazón, mostrándome que ya es tiempo de hacer un cambio. Pero si no lo hago, me estoy engañando a mí mismo y no soy hacedor de la palabra. Y, si no cambio, voy a empezar a endurecer mi corazón.
Segundo propósito: Decirme como me veo.  Me está diciendo quién soy yo ahora mismo. Me dice que:
soy un hijo de Dios, soy un embajador del cielo, soy sano, todo lo puedo hacer en Cristo que me fortalece, soy bendito con toda bendición espiritual si estoy en Cristo, soy más que vencedor, soy la cabeza y no la cola, soy bendecido cuando entro y cuando salgo de mi casa, soy la justicia de Dios en Cristo Jesús, estoy sentado a la derecha del Padre muy por encima del poder de principados y autoridades, puedo echar demonios en el nombre de Jesús, nada me hará daño, no me preocupo por nada, echo mis ansiedades en Jesucristo y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento me tocará.

Ser un hacedor de la palabra es recordar quién soy yo en Cristo Jesús, que es lo que tengo y que puedo hacer en Cristo, qué me pertenece según la Biblia, tengo sanidad, tengo prosperidad, tengo bendiciones.
Si me acuerdo de la palabra de Dios que tengo guardada en mi corazón, la aplico en mi vida y descanso en el Señor. Le entrego mis problemas y dejo que Él haga la obra. No me preocupo por nada, no estoy ansioso por nada. Yo soy el que decido que no me voy a preocupar por nada y me vuelvo un hacedor de la palabra. Yo soy lo que la palabra de Dios dice que soy yo.
Mateo 7:24-27; (…) Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y ésta se derrumbó, y grande fue su ruina (…)
Como seres espirituales debemos estar tomando control de nuestro cuerpo. Si nuestras mentes están renovadas, tenemos la palabra de Dios en nosotros y el espíritu controla nuestra mente y nuestro cuerpo. La diferencia del cristiano es el discernimiento para poder aplicar la palabra en su vida
Hebreos 5:14; (…) en cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual (…).
Si la palabra de Dios me alimenta todos los días, tengo capacidad espiritual para discernir lo bueno y lo malo y para poder crucificar mi carne.

¿Cómo logramos tener ese discernimiento y revelación?
Esta es la oración mas poderosa que podemos hacer al Padre. Que nos de esa revelación, ese discernimiento de Su palabra, para que podamos ENTENDER TODO lo que nos dejó Jesús, por amor a nosotros. Meditémosla muy despacio y gocémonos en ella:
Efesios 1:17-23; (…) para que el Dios de nuestro señor Jesucristo, el padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo (…).
Ese poder del Espíritu Santo que fue capaz de levantar a Jesucristo de entre los muertos, es el mismo poder que opera en cada uno de nosotros para darnos espíritu de sabiduría y de revelación en Él, obteniendo la verdadera revelación de la palabra de Dios, para que opere el cambio de nuestra vida.

Hermano en cristo, ya lo tenemos todo
  Tenemos a Dios en sus tres manifestaciones, haciendo morada con cada uno de                     nosotros
  Tenemos al ayudador guiándonos
  Tenemos la fuerza y el poder del Espíritu Santo, dándonos revelación y discernimiento de la palabra de Dios, para que opere en nuestra vidas

¿Que esperamos para apropiarnos????


Bendiciones
Pablo José

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