DEBEMOS SALIR DE DETRÁS DE LA PUERTA Y PREDICAR A CRISTO


Cuando Jesús fue entregado para su crucifixión, once de sus discípulos se escondieron y lo negaron, asustados de que los identificaran con Jesús y fueran capturados y llevados a la muerte. Incluso Pedro, que le había jurado acompañarlo, lo negó 3 veces. Después de su muerte, los 11 que quedaban se reunieron en Jerusalén escondidos en el último sitio donde compartieron la cena con Jesús, el aposento alto, llorando, desconcertados y sin rumbo. Estaban “escondidos detrás de la Puerta”.


Posteriormente Jesús, ya hecho Cristo con poder y gloria, se les apareció en Galilea y estuvo departiendo con ellos durante cuarenta días, demostrándoles que realmente estaba vivo y hablándoles del reino de Dios, dándoles las últimas enseñanzas e instrucciones antes de su ascensión a los cielos. En ese momento los empoderó, les dio un encargó y les hizo una promesa para quitarles el miedo a predicar Su evangelio:
Mateo 28:16-20; (…) Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.  Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo (…).
Hechos 1:8; (…) Pero quiero que sepan que el Espíritu Santo vendrá sobre ustedes, y que recibirán poder para hablar de mí en Jerusalén, en todo el territorio de Judea y de Samaria, y también en los lugares más lejanos del mundo (…).

Con estos hechos, que dieron origen a la poderosa Iglesia primitiva, Jesús les demostró a sus apóstoles (y por extensión a nosotros los cristianos temerosos o tibios que estamos escondidos detrás de la puerta hoy en día, sin predicarlo), varias cosas:

1.     Dios no está enojado con la humanidad. Se lo demostró a sus propios discípulos quienes negaron a Su hijo Jesús y se escondieron. Él está tranquilo porque sabe que Jesús ya lo hizo todo. Yo debo saber que Dios está en paz conmigo y que no hay nada que me separe de Él. No importa lo que haya pasado o hecho. Dios no esta molesto ni peleando conmigo.
2.     Debo tener claro mi propósito de vida. Así como les aclaró el propósito a sus discípulos, cuando Jesús me revela o da a conocer en mi corazón el propósito para el que fui creado (el ministerio de RECONCILIAR al hombre con Dios a través de reconocer y aceptar a Jesús el Cristo como su Señor y Salvador), salgo del encierro para cumplirlo.
3.     Dios nos da las herramientas necesarias para cumplir Su propósito. Él nos dejó a Su Santo Espíritu, pero no me lo da para tenerlo encerrado. Me lo da para. ayudarme en mi acción cuando salga de detrás de la puerta a cumplir lo que Dios me mandó a hacer. Cuando derramó el Espíritu Santo sobre los discípulos, dejaron de esconderse y salieron a PREDICAR CON denuedo.
4.     El Espíritu Santo viene a mi vida para ayudarme y empoderarme: Debemos tener claro que ese poder me cubre y actúa, solamente si estoy dispuesto a cumplir el propósito para el que fui creado.

Veamos cómo se salieron de su escondite los apóstoles cuando Jesús les cumple la promesa y los empodera con Su Santo Espíritu. El cobarde y miedoso Pedro se convierte en un león valeroso, que se levanta con denuedo a predicar a Cristo y en su primera prédica convierte a 3 mil personas al tiempo.
Hechos 2:1-41; (…) El día de la fiesta de Pentecostés, los seguidores de Jesús estaban reunidos en un mismo lugar. De pronto, oyeron un ruido muy fuerte que venía del cielo. Parecía el estruendo de una tormenta, y retumbó por todo el salón. Luego vieron que algo parecido a llamas de fuego se colocaba sobre cada uno de ellos. Fue así como el Espíritu Santo los llenó de poder a todos ellos, y enseguida empezaron a hablar en otros idiomas. Cada uno hablaba según lo que el Espíritu Santo le indicaba.
En aquel tiempo, muchos judíos que amaban a Dios estaban de visita en Jerusalén. Habían llegado de todas las regiones del Imperio Romano. Al oír el ruido, muchos de ellos se acercaron al salón, y se sorprendieron de que podían entender lo que decían los seguidores de Jesús. Estaban tan admirados que se decían unos a otros: «Pero estos que están hablando, ¿acaso no son de la región de Galilea? ¿Cómo es que los oímos hablar en nuestro propio idioma? Los que estamos aquí somos de diferentes países. Algunos somos de Partia, Media y Elam. Otros vinimos de Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto, Asia, Frigia, Panfilia y Egipto, y de las regiones de Libia cercanas al pueblo de Cirene. Muchos han venido de Roma, otros han viajado desde la isla de Creta y desde la península de Arabia. Algunos somos judíos de nacimiento, y otros nos hemos convertido a la religión judía. ¡Es increíble que los oigamos hablar, en nuestro propio idioma, de las maravillas de Dios!» Y no salían de su asombro, ni dejaban de preguntarse: « ¿Y esto qué significa?»
Pero algunos comenzaron a burlarse de los apóstoles, y los acusaban de estar borrachos.
Pero los apóstoles se pusieron de pie, y con fuerte voz Pedro dijo: «Israelitas y habitantes de Jerusalén, escuchen bien lo que les voy a decir. Se equivocan si creen que estamos borrachos. ¡Apenas son las nueve de la mañana! Lo que pasa es que hoy Dios ha cumplido lo que nos prometió, cuando por medio del profeta Joel dijo: “En los últimos tiempos les daré a todos de mi Espíritu: hombres y mujeres hablarán de parte mía; a los jóvenes les hablaré en visiones y a los ancianos, en sueños. “También en esos tiempos les daré de mi Espíritu a los esclavos y a las esclavas, para que hablen en mi nombre.
” Daré muestras de mi poder en el cielo y en la tierra: habrá sangre, fuego y humo.
El sol dejará de alumbrar, y la luna se pondrá roja, como si estuviera bañada en sangre. ”Esto pasará antes de que llegue el maravilloso día en que juzgaré a este mundo. Pero yo salvaré a todos los que me reconozcan como su Dios.”
» Escúchenme bien, porque voy a hablarles de Jesús, el que vivía en Nazaret. Todos nosotros sabemos que Dios lo envió. También sabemos que Dios le dio grandes poderes, porque lo vimos hacer grandes maravillas y señales.
Todos los que oyeron estas palabras se pusieron muy tristes y preocupados. Entonces les preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: —Amigos israelitas, ¿y qué debemos hacer?
Pedro les contestó: —Pídanle perdón a Dios, vuelvan a obedecerlo, y dejen que nosotros los bauticemos en el nombre de Jesucristo. Así Dios los perdonará y les dará el Espíritu Santo.
Esta promesa es para ustedes y para sus hijos, y para todos los que nuestro Dios quiera salvar en otras partes del mundo.
Pedro siguió hablando a la gente con mucho entusiasmo. Les dijo: «Sálvense del castigo que les espera a todos los malvados.»
Ese día, unas tres mil personas creyeron en el mensaje de Pedro. Tan pronto como los apóstoles los bautizaron, todas esas personas se unieron al grupo de los seguidores de Jesús

Querido hermano en Cristo:
ü  Dios no está molesto conmigo por ser temeroso o tibio en contar a mi prójimo los maravillosos regalos de salvación y vida eterna, que nos dejó disponibles Cristo con Su sacrificio en la cruz del calvario.
ü  Por ese hecho yo no tengo por qué estar escondido detrás de una puerta.
ü  Dios me acepta y recibe en la condición en que estoy.
ü  Si estoy dispuesto a cumplir con el ministerio de reconciliar al hombre con Dios, por medio de testimoniarles y presentarles a Jesús, Él me da las herramientas para hacer mi tarea.
ü  No debo dejar encerrado el poder del Espíritu Santo en el culto dentro de la iglesia. Debo sacarlo para ministrar a los demás, pues Él vive en mí y me ayuda en ese propósito.

Que esperamos.  Animémonos. Prediquemos a Cristo.

Bendiciones
Pablo José


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