DIOS JUZGARÁ LOS SECRETOS DE LOS HOMBRES.


A diario veo o escucho noticias que hablan de desfalcos, robos, asesinatos, violaciones de derechos humanos, ausencia y/o burla, de o a la justicia, fallos absurdos ante los ojos de los hombres por personas investidas de autoridad, y, en términos generales, aumento de la iniquidad, el pecado y la maldad. Y los personajes que cometen estas aberraciones, creen que nadie los juzgará o los aconductará, pero al respecto, Dios nos recuerda en Su palabra, que nada se quedará sin revelación y/o recompensa de gozo o de condenación. Todo saldrá a la luz y será juzgado.

Romanos 2:15; (…) Su propia conciencia lo comprueba, y sus propios pensamientos los acusarán o los defenderán el día en que Dios juzgará los secretos de todos por medio de Cristo Jesús (…).


Esto sucederá a todos los hombres, de toda nación, de toda raza, de toda edad, de todo rango, y de todo carácter. El Juez, Cristo, juzgará y sacará a la luz, nuestros actos secretos.

Por "los secretos de los hombres" la Escritura quiere decir aquellos crímenes secretos que se ocultan por su propia infamia, que son demasiado viles para ser comentados, que causan un escalofrío que recorre a toda una nación si fuesen expuestos a la luz, como deberían serlo. Las secretas ofensas serán llevadas a juicio; los hechos de la noche y del aposento cerrado; los actos que requieren que la gente aterrada se tape los ojos o se ponga el dedo sobre los labios, y que sea jurado un pacto de silencio sobre ellos; los pecados repugnantes y desvergonzados que no deben ser mencionados nunca, para que el hombre (mujer) que los cometió, no sea excluido(a) por sus semejantes como un proscrito, aborrecido incluso por otros pecadores: Todos estos pecados serán revelados.

Todo lo que hubieren hecho, o lo que están haciendo, aún si llevan el nombre de cristianos, pero practican algún pecado secreto, será manifiesto delante de la mirada escrutadora de Cristo. Serán aquellas personas que conviven con el pueblo de Dios, y, sin embargo, allí donde nadie los ve, están viviendo en la deshonestidad, en la infidelidad, en la inmundicia. Todo lo que hacen o hagan en perjuicio de los demás, será revelado y conocido y la vergüenza y la confusión de rostro los cubrirán eternamente. No debemos engañarnos, así no veamos la justicia humana que queremos manifiesta en este mundo, de Dios NADIE se burla ni se escapa. Él llevará a juicio los secretos de los hombres.
Gálatas 6:7; (…) No se engañen ustedes: nadie puede burlarse de Dios. Lo que se siembra, se cosecha (…).

El texto bíblico citado al comienzo, se refiere especialmente a los motivos ocultos de cada acción; pues un hombre podría hacer lo que cree que es correcto, pero por un motivo equivocado, y así, el acto podría ser malo a los ojos de Dios, aunque parezca recto a los ojos de los hombres.

Imaginémonos por un instante, lo que será que los motivos incorrectos sean sacados a luz y que se demuestre que éramos “piadosos” pero, movidos por el interés de una ganancia, o que éramos “generosos” por pura ostentación y alardeo, o que éramos unos desesperados internamente por la vanagloria, o que éramos muy cuidadosos de mantener en público una reputación religiosa y de excelentes cristianos, pero en todo momento, todo lo hacíamos solamente por el ego. Por eso el dicho popular: “Caras vemos, corazones no sabemos

Dios el Padre, por medio de Su hijo Jesucristo, arrojará luz intensa sobre nuestras vidas, mostrando los rincones más oscuros de nuestro ser. El día del Juicio, se harán manifiestos todos nuestros pensamientos e imaginaciones, las lascivias y los deseos, las iras, las envidias, las injusticias, las soberbias y las rebeliones de nuestro corazón. Será horrible ese momento, si ANTES, no hemos confesado al Padre nuestros pecados y secretos, para arrepentirnos de corazón.
Salmos 139:23; (…) Oh Dios, examíname, reconoce mi corazón; ponme a prueba, reconoce mis pensamientos (…).
Así que, el conocimiento y la absolución de uno mismo, no depende de nuestro examen interno, sino de la inspección que Dios realiza a nuestro corazón. Estos pasajes nos muestran que, si deseamos conocernos, debemos pedirle a Dios que nos examine y dé a conocer lo que Él sabe de nosotros. Este es un conocimiento exacto. Dios nos conoce de una manera clara y exacta. Todo está al descubierto delante de Él, pues El conoce aun lo más recóndito de nuestro corazón, lo que no podemos percibir ni analizar solos. Cuando nos vemos con los ojos de Dios, en el espejo de Su palabra, no podemos engañarnos a nosotros mismos y conocemos nuestra verdadera condición.

Dios también revelará secretos que ni sabíamos que teníamos, pues hay pecados en nosotros que no hemos visto nunca, o que no los reconocemos, y hay iniquidad en nosotros que no hemos descubierto todavía. Nos hemos ingeniado, -para nuestro propio consuelo-, en cerrar nuestros ojos y oídos espirituales y nos cuidamos de apartar nuestra mirada de las cosas que son inconvenientes de ser vistas; pero, el día que rindamos cuentas ante Cristo, seremos forzados a ver todos estos males cuando el Señor juzgue los secretos de los hombres.

Lamentablemente aquellas personas que no creen ni reciben a Jesús como su Salvador, estarán recibiendo su juicio frente al Gran Trono Blanco, para su condenación. Vemos muchas personas que irrespetan y/o se burlan de la palabra de Dios, juzgan y condenan al inocente, liberan a los culpables, tienen el corazón endurecido por la maldad, violan derechos fundamentales de la vida de los demás de manera impune, piensan que son eternos e intocables y que nada en este mundo podrá detenerlos, o castigarlos. Son hacedores de maldad. Se aprovechan de que los secretos de los hombres, no pueden ser juzgados en tribunales de humanos, pues el único que conoce corazones, y para quién no existe nada realmente secreto, es Dios. Abusan de que nosotros, como humanos, solo podemos establecer una diferencia entre los pecados secretos y los públicos, pero se les olvida que Dios no; pues todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de Aquel con quien tenemos que tratar al final de nuestra existencia.

Todos los actos humanos los hacemos, así no seamos conscientes ni lo creamos, en la presencia de Dios, quién es Omnipresente (está en todas partes). Él sabe y ve todas las cosas como alguien que está en el lugar, y cada pecado secreto, creemos que es totalmente secreto, aún para Él, por la ignorancia. Dios ve más del pecado secreto, que lo que un hombre puede ver de aquello que es hecho delante de su cara.
Jeremías 23:24; (…) ¿Podrá alguno esconderse en escondites de modo que yo no lo vea? --declara el SEÑOR. ¿No lleno yo los cielos y la tierra? --declara el SEÑOR (…)

Los secretos de los hombres serán juzgados por dos motivos:
1.     Para desnudar la maldad de algunos incrédulos, ya que, con frecuencia, los más grandes actos inmorales son ejecutados en secreto. Para descubrir y juzgar los vicios secretos más oscuros. Ese día nadie podrá escapar ni comprar el silencio de Cristo con su riqueza terrenal. Dios nos lo está informando. Lo que han hecho en secreto, será proclamado en las azoteas.
2.     Para exaltar públicamente a los verdaderos cristianos y discípulos, hacedores de Su palabra, quienes ejecutaron en su lugar secreto de oración, comunión y alabanza a Dios, los actos más refulgentes en los que Dios se deleitaba con ellos, actos que hacían cuando se encontraban  solos con Él; cuando no tenían ningún otro motivo sino el de agradarle; evitando toda publicidad, para no verse desviados por los halagos de los hombres; cuando la mano derecha no sabía lo que hacía la izquierda, y cuando con el corazón amoroso y generoso servían a su prójimo “detrás de cámaras”, para que nunca supieran cómo se había llevado a cabo el hecho o la obra de amor.

Las cosas secretas de los hombres penetran en la propia esencia de sus acciones. Después de todo, una acción es buena o mala dependiendo en gran medida de su motivo. Podría parecer buena, pero el motivo podría contaminarla; y por ello, si Dios no juzga la parte secreta de la acción, no juzgaría justamente. Él pesará nuestras acciones, y detectará el motivo que nos condujo a hacerlas, y el espíritu que las promovió.

Muchos hombres (mujeres) no harían en público lo que les daría vergüenza; no porque no tengan el corazón suficientemente negro para ello, sino debido a que son demasiado cobardes. Lo que el hombre hace cuando piensa que está enteramente solo, es la mejor revelación del hombre. Lo que no haríamos porque sería revelado si fuera algo malo, es un pobre indicador de nuestro verdadero carácter. Lo que haríamos porque seríamos alabados por hacer el bien, es igualmente una débil prueba de nuestro corazón y carácter. Lo que hacemos cuando no somos observados, sin consideración de lo que los demás puedan decir a ese respecto, es lo que revela y descubre mi verdadera alma. Por esta razón Dios pone un especial énfasis y otorga mucha importancia al hecho de que en aquel día, juzgará por medio de Jesucristo, "los secretos" de los hombres.

Tenemos la solución disponible.
Si no fuera por Jesús, cuya preciosa sangre nos ha limpiado de todo pecado, ¿cómo y dónde estaríamos? Si no fuese por Su justicia, que nos cubre a aquellos que creemos en Él, ¿quién entre nosotros podría soportar el pensamiento de ese tremendo día de juicio?
De otra parte, los que hemos sido hechos justos ante Dios el padre, no tememos la hora del juicio; ¡pero si no fuera por Jesús, desfalleceríamos de miedo.
El Espíritu Santo nos muestra las faltas que cometemos y si lo invocamos en oración, nos ilumina hasta aquellos pecados que ni siquiera fuimos conscientes de cometer y nos permite doblar rodilla ante el Padre para pedirle perdón, con sincero arrepentimiento, en el nombre y por los méritos de Jesús. De esa manera, seremos transparentes el día de juicio y no temeremos la confrontación. Caminaremos siempre en luz.
Juan 8:12; (…) Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (…).

Estas verdades deberían hacernos meditar al respecto. Debemos ser conscientes que tenemos que tratar con un Dios Omnisciente y Omnipresente; quién conoce hasta los más íntimos secretos de nuestros corazones, quién dentro de muy poco tiempo, nos mostrará el esplendor de Su gloria y la imparcialidad de Su justicia sobre todas las vidas humanas. Dará a cada quién lo que se merezca. Nunca debemos olvidarnos que cada palabra, cada pensamiento y cada acto de cada momento, está siendo observado y analizado bajo la luz que alumbra todas las cosas, desde el trono de Dios.

Por eso soy un convencido que, para lograr justicia humana, debemos es orar al Padre para que los que administran justicia, RECIBAN A CRISTO, y se les quite el velo que no les permite conocer ni meditar en la palabra de Dios, y por ello, caminan en la oscuridad de sus propios intereses, afianzados en el efímero “poder” que les fue delegado.

Bendiciones
Pablo José

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