¿QUE ME DICE EL ESPEJO DE LA PALABRA?
Algo que no podremos negar nunca, es el hecho que todos y cada uno de
nosotros, sabemos cuándo actuamos mal y también, cuando siendo advertidos por nuestro
yo interior (nuestro espíritu), de que algo que vamos a hacer no es correcto, de
todas maneras lo hacemos. Es como si nos dijéramos internamente: “El que peca y
reza empata, luego me arrepiento y listo”. Pero algunos otros ni siquiera piensan eso. Ya
tienen ese corazón encallecido y ni se inmutan cuando cometen alguna barbaridad.
Pero, todo creyente debe tener en su mente y en su corazón, algo de la palabra
de Dios, así sea las pocas que le inculcaron sus papás (normalmente es la mamá)
en su casa y/o los maestros de religión en su colegio. Y esa palabra, se vuelve como un espejo, que nos muestra o indica lo que es correcto ante los ojos de
Dios, y nos redarguye cuando vamos a cometer alguna transgresión, en contra de
la ley de Dios.
El verdadero creyente, hace el denominado acto de contrición, que nos
enseñaron los sacerdotes antes de que hiciéramos la primera comunión, como el
acto de pensar en los pecados cometidos, para arrepentirnos, poder confesarlos y
pasar a comulgar. Veamos el principio del acto de contrición.
Salmos
139:23; (…) Examíname,
oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce
mis pensamientos (…).
Hoy el Señor nos invita a meditar la siguiente escritura:
Santiago 1:19-25; (…) Mis amados hermanos, quiero que entiendan lo siguiente: todos ustedes
deben ser rápidos para escuchar, lentos para hablar y lentos para enojarse. El
enojo humano no produce la rectitud que Dios desea. Así que quiten de su vida todo lo malo y lo sucio, y acepten con
humildad la palabra que Dios les ha sembrado en el corazón, porque tiene el
poder para salvar su alma. Pero no sólo escuchen la palabra de Dios,
tienen que ponerla en práctica. De lo
contrario, solamente se engañan a sí mismos. Pues, si escuchas la palabra, pero no la obedeces, sería como ver tu
cara en un espejo. Te ves a ti mismo,
luego te alejas y te olvidas cómo eres. Pero, si miras atentamente en la ley
perfecta que te hace libre y si la pones en práctica y no olvidas lo que escuchaste, entonces Dios te bendecirá por tu
obediencia (…).
Un chiste cristiano dice que, en este mundo, la voz más parecida a la del
Santo Espíritu de Dios, es la de la ESPOSA del creyente y que debemos oírla con
atención y acatarla. Yo cada día me convenzo más de eso. Confieso que ha sido
mi esposa la que de manera persistente me recuerda o me indica los tremendos defectos de carácter, de lenguaje y de comportamiento,
que todavía cargo encima de manera carnal. El espejo de la palabra de Dios
también me recalca lo mismo que me viene diciendo mi esposa, mis hijos y ahora
mis nietas, sobre mi carácter, en los siguientes versículos:
Efesios
4:29-32; (…) Ninguna palabra corrompida salga de
vuestra boca, sino la que
sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el
cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense
de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y
toda malicia. Antes sed benignos unos con otros,
misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os
perdonó a vosotros en Cristo (…).
Usé estos versículos como mi espejo personal, porque a diario estudio la palabra
es para mi propia edificación y mi debilidad es el temperamento tan fuerte. Por
eso, en el fondo de mi corazón, al mirarme en EL ESPEJO DE LA PALABRA, veo que esos
defectos, todavía persisten en mi carácter. Pero, cada cual debe mirarse en su
propio espejo.
En mi menta está claro este consejo de Dios. Pero, para OBEDECER SU PALABRA, la debo tener entronizada es en mi corazón, y para eso no me queda otra opción
que llenarme a diario con Su Santo
Espíritu, para SER LIBRE del enojo, la gritería, las malas palabras, la falta de
paciencia, la falta de caminar en amor y todos esas carnalidades que Él me
quiere ayudar a corregir, pues hasta hoy he sido mayormente un OIDOR (sin
fruto) y no he puesto en práctica al cien por ciento, lo que he leído o
estudiado de la palabra de Dios.
Lamentablemente, muchos creyentes católicos o protestantes, hemos sido muy
o medianamente sordos a esos comentarios o consejos hechos en amor por nuestras
parejas, hijos, amigos, los cuales persiguen mejorarnos para que seamos verdaderos
ejemplos de hijos de Dios, entre otros aspectos, como en mi caso, para predicar también con el ejemplo, logrando entonces ser testimonio a los que me conocen, que solo la palabra
de Dios logra el cambio de carácter en
nuestras vidas, en vez de hacer y enviar solamente estos escritos. En síntesis,
DEBEMOS DAR FRUTO.
Dios nos recomienda, lo siguiente:
Santiago 5:16; (…) Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para
que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho (…).
Oro al Padre hoy, para que cada día sea ministrado y guiado por el Santo Espíritu
de Dios, a fin de obtener la libertad de estas ataduras carnales, pues en
Cristo ya obtuve el QUERER CAMBIAR y con Él también LO VOY A HACER, para la
Gloria y el servicio efectivo a mi Dios.
Bendiciones.
Pablo José

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