LIBRES DE CULPA
Debemos estar convencidos que, si aceptamos el
sacrificio de Jesús en la cruz como nuestra justificación ante el Padre y a
Jesús como el sustituto de nuestros pecados, ya somos libres de la
culpabilidad, como fue el plan original de Dios. Cuando aceptamos a Jesús
de corazón, nuestra naturaleza cambia completamente y aunque físicamente
sigamos igualitos, espiritualmente somos nuevecitos; somos una nueva criatura renacida
en Cristo Jesús y esa nueva naturaleza no es pecadora.
2 corintios 5:17; De modo que, si alguno está en Cristo, nueva
criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
Tenemos que entender las tres clases de hombres
que existen en este mundo, las cuales recordaremos:
1. El
hombre NATURAL: Solo es cuerpo y mente,
no tiene a Dios en su corazón, no ha aceptado a Cristo como Su Señor ni lo ha
invitado de corazón voluntariamente a su vida. No puede discernir las cosas
espirituales. La palabra de Dios para esta clase de hombre, es locura., ininteligible.
2.
El hombre CARNAL: Es una persona que acepta a
Cristo como Su Señor y Salvador, PERO; sigue teniendo por un tiempo
comportamientos carnales (celos, envidias, mal genio, fumador, toma trago, es
soberbio, etc.). Le quedan comportamientos carnales que poco a poco va
eliminando de su vida, por el convencimiento de pecado que le trae el Espíritu
Santo cuando cae de nuevo en una falta. Es un cristiano en el camino de la
perfección, que se alimenta de la palabra para IR CAMBIANDO sus pensamientos
mundanos por la verdad de Dios. Estudia la palabra, se congrega, busca Dios,
ora y poco a poco se da cuenta que se van eliminando esos vicios de su vida.
3. El
hombre ESPIRITUAL: es aquel que a través del estudio y meditación de la palabra
ha logrado SUJETAR LA CARNE, sus deseos y emociones y vive en perfecta y diaria
comunión con Dios. Esa es la meta de todo creyente.
Sin embargo, en los cristianos que estamos en
construcción (carnales como usted y yo, en mayor o menor medida), el diablo nos
ataca con un sentimiento de culpa cuando nos equivocamos y volvemos a caer en
una falta, y ese sentimiento de condenación puede tardar en marcharse. Es por
eso que hoy recordaremos el perdón de Dios, para animarnos a apropiarnos
de esta verdad revelada en las Escrituras.
La pregunta que cada uno de nosotros debemos hacernos,
es: ¿Tengo la seguridad de que mis pecados han sido perdonados completamente? La
Biblia dice:
“Yo,
yo soy el que borro tus rebeliones por
amor de mí mismo, y no me
acordaré de tus pecados”. Isaías 43:25.
Volverá a compadecerse de nosotros, hollará
nuestras iniquidades. Sí, arrojarás
a las profundidades del mar todos nuestros pecados. Miqueas 7:19;
Dios nos dio Su perdón y prometió que nunca más
se acordaría de nuestros pecados, obviamente si corremos a pedirle perdón de
corazón, cuando los cometemos:
Él no dice que “quizás” un día borrará mis
faltas, sino que las ha borrado, las
hace desaparecer ahora mismo y para siempre. Algunas personas piensan que es
imposible saber aquí en la Tierra si nuestros pecados han sido perdonados, pero
la Palabra de Dios nos asegura lo contrario.
Dios sabía que nuestra alma tiene necesidad de
ser apaciguada. Es por ello que, desde el momento en el que ponemos nuestra
confianza en Jesús y creemos que Él murió y resucitó por nosotros, podemos
tener la plena seguridad de que nuestros pecados de ayer, los de hoy y los de mañana,
han sido ya perdonados y borrados.
Dios no nos reclamará nunca dos veces el pago
de nuestra deuda como pecadores. Jesús
ya pagó en la cruz por mis pecados pasados, presentes y futuros y esa realidad
permanece firme por toda la eternidad.
Si todavía tenemos pecados o áreas en nuestra
vida que no hemos terminado de entregar a Jesús, debemos acercarnos ya mismo a
Dios para recibir este precioso regalo del perdón.
Padre Celestial, revisa mi corazón con Tu Santo
Espíritu y muéstrame si estoy andando por caminos equivocados. Te pido perdón
por mis fallas y por mis errores, y te doy gracias por la sangre de Jesús, que
me limpia de todo pecado. Te pido que me ayudes a vivir una vida que sea
agradable a Ti. ¡Deseo de todo corazón tener una relación profunda contigo! En
el nombre de Jesús. ¡Amén!”
Bendiciones
Pablo José

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