LA SIEMBRA Y LA COSECHA


SIEMBRA
El terreno donde se siembra la semilla es EL CORAZÓN.
Marcos 4:15; Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones.
  


Sembrar la palabra de Dios (la semilla) es el proceso de BAJARLA de nuestra mente (alma) a nuestro corazón (espíritu).
Si estamos experimentando carencia de recursos, lo primero que debemos revisar es que y cuanto estamos sembrando.
Sembrar NO ES arrojar la semilla en el terreno de una forma desordenada.
Se debe sembrar en el terreno que Dios le muestre. Su Iglesia, los ministerios, las personas que sean hermanos en la Fe.
Una vez definido y preparado el terreno, se remoja la semilla meditando, declarando y dando gracias por la palabra específica para esa semilla y luego se siembra de manera ordenada, sistemática y estratégica, en el lugar que le muestre Dios en su corazón.
Se siembra con la expectativa de obtener una cosecha.
Después de sembrar y antes de cosechar, se debe meditar en la palabra (alimento de la semilla) que queremos que de fruto.
Mientras mas meditemos en los pensamientos (palabras) de Dios, más saturaran nuestro ser y empezamos a aprender cómo piensa EL.
El arte de meditar la palabra de Dios hace que en nuestro interior brote Su sabiduría y que Su poder sobrenatural produzca en nuestra vida resultados sorprendentes.
Salmos 1:1-3
Bienaventurado el varón que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará.
La meditación es el riego que necesita nuestra semilla, para que pueda crecer y dar fruto.
Si se siembre PERMANENTEMENTE y con consistencia, SIEMPRE tendremos cosechas.
¿A veces, cuando vamos a sembrar, el diablo puede decir a nuestra mente “Y que va a hacer si esta siembra no funciona y no tiene cosecha” pero es ahí cuando debemos responderle en Fe “Y que va usted a hacer cuando esto me funcione?”.
No debemos permitir nunca que el diablo nos atemorice, hasta sacarnos de nuestra generosidad.
Y no debemos olvidar que, en el sistema de Dios, nuestra siembra siempre es superior a nuestro ahorro.

COSECHA
Es el proceso de recoger los frutos que ha producido nuestra siembra.
Es el momento de tomar recursos de nuestra provisión del cielo.
El tamaño de la cosecha depende de la cantidad de semilla que se haya sembrado.
El labrador debe ESTAR ATENTO al momento de COSECHAR, pues si recoge ANTES del tiempo perfecto de maduración, recoge fruto BICHE y no apto para el consumo o comercio y si deja pasar el tiempo, recoge producto PASADO o se le pudre el fruto y tampoco es apto para comer o comercializar.
Cuando estamos meditando en la palabra que sembramos en nuestro corazón (después de la siembra y antes de la cosecha) y solo pensamos los pensamientos de Dios a ese respecto, se satura toda nuestra mente y nuestro espíritu y empezamos a entender y a aprender cómo piensa nuestro Dios.
Es en esa meditación que sentimos en nuestro interior que la palabra que meditamos ESTÁ VIVA y se acaban los pensamientos de duda o negativos para dar paso a un impacto de gozo y paz en nuestro ser, adquiriendo plena conciencia que la semilla germinó y va a dar fruto en nuestra vida.
Norman Vincent Peale al respecto, manifestó: “Es como si hubiera un depósito invisible en el universo del cual se puede tomar lo que estemos pidiendo, si uno tan solo obedece ciertas leyes espirituales”. 
Salmos 1: 1-3 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.
El arte de meditar la palabra de Dios hace que BROTE el fruto de la semilla sembrada y podamos cosechar esa respuesta a nuestra siembra.
Cuando un árbol está bien regado se manifiesta fácilmente la evidencia de su fruto y de la misma manera, las personas que nos rodean, si estamos practicando esta ley espiritual de siembra y cosecha, verán nuestros frutos o sea verán el resultado de la palabra de Dios trabajando en nuestras vidas.
EL fruto de la bendición de Dios es muy tangible.

CONCLUSIÓN

En donde quiera que haya necesidad en nuestra vida, debemos empezar a reunir semillas de la palabra de Dios relacionadas con esa necesidad.
Luego las plantamos en nuestro corazón.
Luego las regamos con la repetición de esas palabras de vida.
Luego las hacemos crecer por medio de la meditación.
Si no hemos visto CRECIMIENTO ni FRUTO en nuestras vidas en algo por lo que estemos creyendo, es el momento de REVISAR nuestro riego y nuestra meditación de la palabra de Dios para esa situación.

Bendiciones
Pablo José

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