UNA VIDA CON EQUILIBRIO
La vida con Dios es una constante cuestión de
equilibrio:
ü Gracia, pero con
obediencia de Su palabra.
ü El creyente vive
por fe, pero la expresa con sus acciones.
Santiago 2:26; (…) Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin
obras está muerta (…)
Por medio de reconocer el sacrifico de Jesús en la
cruz, todos nuestros pecados han sido perdonados, pero Dios, a su vez, espera
que nos capacitemos por medio de Su palabra para robustecer nuestro espíritu,
de manera que se cumpla en nuestra vida el principio de “el espíritu prima
sobre la carne”, único modo de no volver a pecar.
Vivimos bajo la gracia permanente de Dios, pero,
a la vez, somos llamados a vivir una vida justa, sin pecado.
Para Dios no es tan importante lo que hacemos, sino
lo que somos en nuestro diario caminar. Son nuestros actos
los que reflejan y determinan quienes somos realmente.
Nuestra identidad es ser un hijo de Dios. Esa
realidad tiene que expresarse en nuestra vida diaria mediante acciones
prácticas, tales como:
Ø Hablar a Dios en oración,
Ø Hablar de Dios con los demás,
Ø Leer, estudiar y meditar la Biblia,
Ø Adorar a Dios,
Ø Tener comunión con otros hermanos y
hermanas en la fe...
La vida cristiana demanda equilibrio entre la
gracia inmerecida que Dios nos da, y nuestras acciones, sin las cuales
nuestra fe está muerta. Es parecido a cuando aprendemos a montar en bicicleta. Al
principio, tendemos a inclinarnos hacia los lados de manera errática (desequilibrados),
mientras vamos haciendo eses, hasta que poco a poco vamos situándonos más en el
eje vertical y somos capaces de avanzar en línea recta, en equilibrio.
Así es nuestra vida cristiana. Al principio vamos haciendo
eses con nuestros actos de vida, pero si ponemos a Cristo como nuestro ejemplo
de vida y no lo quitamos de nuestro objetivo de llegada, poco a poco con la
ayuda de la palabra de Dios, nos vamos enderezando hasta llegar a parecernos
cada día más a Jesús. Veamos lo que nos recuerda Su palabra:
Hebreos 12:1-2 ; (…) Por tanto, nosotros
también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos
de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la
carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y
consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz,
menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios (...)
Nuestra petición diaria al padre debería ser:
¡Que el Señor Jesús nos ayude a avanzar por
este mundo, en perfecto equilibrio!
Bendiciones
Pablo José

Comments
Post a Comment