EL ESPÍRITU HUMANO Y EL ESPÍRITU DE DIOS
Debemos entender que no somos un cuerpo, con una mente en donde radican
nuestros sentimientos y emociones. Ese hombre no tiene a Dios en su interior y
se va a ir al infierno.
Nosotros, los hijos de Dios, somos ante todo un espíritu, que fue dotado de
un cuerpo y de un alma. Somos tripartitos iguales a Dios, pues fuimos hechos originalmente a Su
imagen y semejanza.
Lo que debemos hacer apenas tengamos conciencia de nuestros actos, es
NACER de nuevo espiritualmente, invitando al Espíritu de Dios a hacer morada
dentro de nuestro corazón.
Y después de ese nuevo nacimiento, le damos vida a nuestro espíritu
humano, al conectarlo con el Espíritu de Dios.
Ese espíritu humano, es el que debemos hacer fuerte, desarrollarlo al alimentarlo
todos los días con la palabra de Dios, haciéndole ejercicios espirituales con
la oración y meditación de esa palabra recibida, para que domine a nuestra mente
y haga prevalecer en nuestros actos, que realizamos con el cuerpo, los pensamientos
de Dios.
En ese momento es cuando funciona la verdad de Dios, de que, NUESTRO
ESPÍRITU ESTÁ SOBRE TODA CARNE, y alcanzamos la victoria en muchas áreas del
cuerpo y del alma, haciendo realidad y manifiesta la palabra de Dios en nuestro
diario caminar.
Proverbios 18:14; (…) El espíritu del hombre puede soportar su
enfermedad, pero el espíritu quebrantado, ¿quién lo puede
sobrellevar? (…)
Ruaj: Espíritu, soplo, ánimo.
Makalej: Debilidad, tristeza, enfermedad,
aflicción o ataque.
Naka: Angustiado, afligido,
quebrantado, debilitado.
Parafraseada: El Ruaj del hombre, le sostendrá (y dará
la victoria) en la debilidad, la tristeza, la enfermedad, la aflicción y el
ataque, pero el Ruaj débil, ¿qué
puede sobrellevar?
¿Qué es lo que nos sostiene durante ataques físicos o
dificultades de la vida? UN ESPÍRITU
FUERTE.
CONFESIÓN: “yo soy un
espíritu, tengo un alma y vivo en un cuerpo.” (1 Tesalonicenses 5:23).
Lamentablemente, hoy en día se piensa en términos de
mente y cuerpo. “mente sana, en cuerpo
sano”, pero, la Biblia enfatiza nuestro interior como lo principal, como la
fuente (nuestro espíritu).
Proverbios 4:20-23; (…) Hijo mío, está
atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus
ojos; guárdalas en medio de tu corazón;
Porque son vida a los que las
hallan, y medicina a todo su cuerpo. Sobre
toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida (…).
§ Hay una estrecha
relación entre recibir la medicina de Dios y guardar nuestro corazón.
§ Este corazón NO
ES el Corazón músculo, Es el corazón de nuestra voluntad en donde se cree para
justicia, Romanos 10:8-9; (…) Pero, ¿qué dice? "CERCA DE TI ESTA LA PALABRA, EN TU BOCA Y EN TU
CORAZON," es decir, la palabra de fe que predicamos: que, si confiesas con
tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios Lo resucitó de entre
los muertos, serás salvo (…)
2 Corintios 4:16; (…) Por tanto, no nos
desanimamos, ni cansamos, no nos desgastamos, o atemorizamos, como si no
tuviéramos valor. Aunque nuestro hombre exterior esta progresivamente decayendo
y se está deteriorando, aun así, en nuestro ser interior estamos siendo
progresivamente renovados día tras día (…).
El
cuerpo está envejeciendo, aunque no nos
guste reconocerlo. Pero gradualmente estamos creciendo, en nuestro
espíritu.
§
Muchos
cristianos no hacen la diferencia entre su espíritu, y el Espíritu Santo.
§
El Espíritu
Santo mora dentro de nuestro ser y es el qué le habla internamente a nuestro espíritu
humano.
§
El
Espíritu Santo es la voz interior, que le advierte internamente a nuestro espíritu,
que está bien y que está mal.
§
Nuestro
espíritu humano se debe alimentar con la palabra de Dios, para saber cual es Su
voluntad y para que nos redarguya cuando estemos haciendo algo que le molesta
al Espíritu de Dios.
§
Es en
nuestro espíritu humano que nuestro Padre, a través de Su Espíritu Santo, nos
coloca el QUERER, para que nuestro espíritu humano decida HACER lo correcto,
por encima del deseo de nuestra carne.
Filipenses 2:13; (…) porque Dios es el que en
vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad (…).
El
Espíritu Santo es el que nos recuerda y asegura, que somos hijos de Dios.
Romanos 8:16; (…) El Espíritu mismo da
testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios (…)
Hagamos
hoy realidad en nuestro corazón, la verdad de Dios.
Somos
un espíritu, que tiene un alma y vive en un cuerpo.
Debo
desarrollar y hacer fuerte a mi espíritu, para dominar a mi carne y a mis pensamientos
y emociones, dándole prioridad a los pensamientos de Dios para mi vida.
Bendiciones
Pablo
José

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