Meditar es un proceso como el que hacen las vacas. RUMIAR o sea masticar y masticar y devolver para poder volver a masticar hasta que se le saque el jugo a esa palabra. Me acuesto o voy en el bus o manejando o me estoy bañando o estoy en una sala de espera, etc. y pienso en la cita bíblica que me da la solución a la tribulación momentánea (porque todas las tribulaciones son momentáneas y leves, dice el Señor). Nunca medito en el problema, pues se vuelve una fortaleza negativa. Ahí es donde estoy poniendo en sujeción a Cristo mis pensamientos, pues estoy rumiando las citas bíblicas que me dan el arma para vencer ese pensamiento negativo, que me metió o trata de meter el diablo en mi mente (por ejemplo, se va a morir de cáncer, mire que no se cura sino se agrava). Yo pienso inmediatamente: “Por las llagas de Cristo fui sano”” soy sano ahora” y lo pienso y pienso (rumio) todo el día hasta que se me vuelva un hábito y lo crea en lo más profundo de mi corazón.

 
              
Si, por el contrario, nos ponemos a razonar o a argumentar el hecho x, y o z, poniéndole la famosa lógica, construimos las fortalezas o castillos en nuestro espíritu (intercesión de la mente y el corazón) que es lo que quiere el diablo. Y esas fortalezas no se pueden derribar en la carne, pues, al contrario, se vuelven un obstáculo para creer la palabra de Dios, pues queremos encontrar la solución es en la carne, con los adelantos médicos o científicos; exigimos ver para creer (como Tomás el discípulo), queremos actuar es por vista y no actuamos en fe, como lo manda la palabra de Dios, creer sin ver, imaginarse el resultado y creerle a la palabra de Dios. Actuar en fe. Esa es el arma necesaria para tumbar la fortaleza que creamos en nuestro corazón al razonar en nuestros sentidos físicos.


 Tenemos que dejar de ser tan lógicos (sobre todo los ingenieros) y empezar a actuar más en el espíritu. A las mujeres y a los artistas, esta parte se les hace más fácil y logran conectarse muy rápido con las cosas del espíritu para alcanzar comunión inmediata con Dios.



Al tener en nuestro interior la palabra de Dios grabada, nos motivamos muy fácilmente para actuar en cualquier circunstancia, creyéndole a Dios.


Todo lo que nace del espíritu renacido y conectado a Dios, genera gozo y paz.


Imaginémonos un carruaje como el de la cenicienta.
El hombre que lleva las riendas (cochero) es nuestro espíritu renovado o nacido de nuevo.
El que empuja el carruaje o lo hace mover (el caballo) es nuestra alma o mente renovada con la palabra de Dios.
Y YO (mi cuerpo carnal) soy el carruaje, que se mueve hacia donde lo lleven el cochero y el caballo.
Si trabajan el espíritu (cochero) y el alma (caballo) en llave y sincronizados con los principios de la palabra de Dios, el cuerpo (carruaje) NO PUEDE HACER LO QUE SE LE DE LA GANA. Tiene que obedecer a los otros dos componentes del hombre. Así de fácil es. Así es que uno deja de ser borracho o drogadicto o lujurioso. Uniendo la palabra de Dios que está en mi corazón con mi mente renovada y el cuerpo no actúa mal. No es escondiendo el trago, o escondiendo los televisores para no ver películas groseras, etc. Es actuando convencido y redargüido por la palabra de Dios que mora en mi espíritu y está en mi mente, que X o Y comportamientos son pecaminosos y me apartan del favor de Dios. Esa es la renovación de la mente y esa es la clave para derribar toda fortaleza y toda altivez que se levanta para rechazar el conocimiento de Dios.




Concluimos este breve estudio de fortalecer nuestro espíritu humano renacido, con el convencimiento de que es nuestro trabajo renovar nuestra mente con los principios de la palabra de Dios, único camino para poder conocer las armas que Dios nos ha dejado, para derribar las fortalezas que se forman en nuestro corazón, al dejar prosperar los pensamientos negativos o destructivos. Todo el proceso empieza con un conocimiento que me lleva a un pensamiento. Si conozco la palabra de Dios y la medito (rumiarla todo el tiempo) lleno mi corazón con las instrucciones, promesas, certezas que DIOS tiene definidas para mi mientras esté en este mundo y mi carácter es de virtudes y camino en victoria, pues cada vez que me suceda alguna tribulación traigo a mi mente lo que dice la palabra de Dios al respecto de esa situación, lo pienso, lo declaro y actúo en consecuencia rechazando en el nombre de Jesús toda esa negatividad o altivez contra el conocimiento de Dios y de Su palabra.

Amen, es palabra de Dios.
NOTA DEL AUTOR
LAS FILMINAS ACÁ UTILIZADAS SE EXTRACTARON DE UN PROGRAMA DENOMINADO VISIÓN CARÁCTER.

Bendiciones
Pablo José

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