LOS DIEZMOS

Este tema ha sido muy debatido y cuestionado en las Iglesias cristianas. En la Iglesia católica no tengo memoria de que se usara. Recuerdo que se hablaba de limosnas y yo siempre me cuestioné esa palabra, pues me parecía un término poco adecuado y nunca pensé que Dios fuera limosnero, para que le dieran” limosnas”.

 

Cuando empecé a estudiar formalmente la palabra de Dios en una escuela de formación bíblica, al leer las escrituras tuve gradualmente revelación personal de este mandato de Dios, que como todo lo que EL nos pide, lo hace en amor, como cuando un padre en lo natural le exige o define o solicita algo a su hijo, sabiendo que es por su propio bien y uno no lo entiende sino hasta que madura. Con Dios no hay nada a la fuerza. Él no nos presiona. El siempre RESPETA NUESTRO LIBRE ALBEDRÍO y todo lo que nos pide en cualquier área de nuestra vida, quiere que lo hagamos por CONVICCIÓN de que lo pide es para nuestro beneficio y espera que tengamos la revelación en nuestro espíritu, de las ventajas de eso que nos pide en Su palabra.

Yo soy ingeniero de formación y siempre me han gustado los números y la lógica. En mi larga experiencia profesional aprendí a interpretar estados financieros, analizar negocios, medir riesgos empresariales, estimar flujos de caja, valorarlos y todo ello para poder autorizar créditos, como empleado bancario que fui o para asesorar inversionistas. Y una de las máximas claras en los negocios, es que toda inversión espera tener un retorno adecuado y con base en la estimación de ese retorno, se calcula la tasa de rendimiento que debe tener la misma, para saber en cuanto tiempo se recupera la plata metida en el negocio y desde cuando se espera que ya empiece esa semilla de capital aportado, a dar frutos positivos después de recuperarse el mismo.  Es la famosa TIR que define si es buen o mal negocio el que están proponiéndole al inversionista.

 Entonces analicemos esta escritura que nos dejó el mismo Señor Jesús cuando transitó por este mundo e n Su ministerio:

 Mateo 22:17-21; (…) Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios (…).

Cuando Cristo dijo que hay que darle al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios, automáticamente estableció que hay una parte que nos corresponde hacer para cumplir con el gobierno terrenal y establece, además, que hay una parte que le pertenece a Dios.

Cuando un gobierno invierte en obras de todo tipo para nuestro bienestar, exige que paguemos unos tributos o impuestos, para subsidiar esa inversión. Solo pensemos en el golpe anual del impuesto predial sobre nuestras viviendas o en las retenciones en la fuente, impuestos al patrimonio, 4 x 1000, descuentos para salud, para cajas de compensación, etc. Es el retorno que calcula el gobierno sobre la inversión, para poder seguir sosteniendo y realizando inversiones sociales.  Ahí Jesús nos ordeno DARLE A CESAR (Gobierno) LO QUE ES DE CESAR.

 Ahora analicemos lo que es de Dios.

 1.    Cada uno de nosotros: Fuimos hechos a Su imagen y semejanza. Nos dio inteligencia, sabiduría, dones y talentos. Con ese “capital invertido” Dios nos hizo generadores de recursos. Solo pensemos un segundo que no podamos:

a)     Respirar, b) coordinar movimientos, c) Pensar d) caminar e) Razonar hilvanadamente.

¿Seríamos capaces de PRODUCIR algo de recursos para nuestra subsistencia?

 ¿Y quien nos dotó de todo lo que somos y tenemos?

¿Quién es el inversionista de nuestra existencia?

¿Será que debemos darle un retorno sobre lo que nos permite ser y tener, para poder generar ingresos?

¿Cuál es la TIR para retornar la inversión que hizo en nosotros nuestro Dios?

 2.    SU Iglesia: ¿Y dónde concentró Jesús en este mundo a los creyentes en Su obra redentora, a los que estaremos en el reino de Dios con El por toda la eternidad?  En SU   iglesia.  La primera vez que se menciona la palabra iglesia en toda la Biblia es en Mateo 16. En este pasaje, Jesús llevó a Sus discípulos fuera de Jerusalén y les preguntó quién pensaban que Él era. Después de la revelación de Pedro de que Él era el hijo del Dios viviente, Jesús dijo que sobre esa roca (la revelación de que Él era el hijo de Dios) establecería SU iglesia y que las puertas del Hades no prevalecerían contra SU iglesia. La roca es CRISTO y la Iglesia la estableció sobre la revelación de que EL era el hijo de Dios. Los que tenemos esa revelación hacemos parte de su iglesia universal. Luego, Jesús les dio la gran comisión y salieron a establecer iglesias locales todas unidas alrededor de la revelación de que Cristo era nuestro único Salvador. La palabra griega para iglesia es ekklesía, la cual quiere decir congregación o asamblea llamada a salir.

Es a través de pastores, misioneros, sacerdotes, que Dios estableció obreros para recoger la cosecha de almas perdidas por la falta de la luz del evangelio de Cristo. Y nuestros diezmos los necesita Dios es en este mundo para SOPORTAR SUS IGLESIAS, pues llevar el evangelio por el mundo cuesta plata. Pasajes, hoteles, biblias, agua, luz, teléfono, sueldo del pastor o sacerdote, aseo de los locales, etc., etc., etc., Eso se hace con plata, y Dios NO NECESITA NADA EN EL CIELO, lo necesita en Sus iglesias locales: Él nos da la capacidad de hacer riquezas para que apoyemos Su obra de redención de las almas perdidas y es nuestro trabajo ARREBATÁRSELAS al diablo a través del poder de la palabra que predicamos.

La iglesia no puede obligarlo a cumplir con sus diezmos, como lo hace el gobierno con los impuestos; si se paga tarde, se pagan intereses, y si no se paga, se va preso.  Nuestro compromiso con el Señor es un compromiso espiritual, moral, que va más allá de un voluntariado o de un deseo de, simplemente, hacer algo.

Y, por último, muchos ministros del señor han abusado de los diezmos y de las ofrendas que, en amor, cristianos devotos hacen a sus iglesias locales. Ellos solo son administradores del rebaño, pues las ovejas somos de nuestro único pastor JESÚS. Y ese robo descarado que algunos pastores hacen de los recursos para la obra de Dios, muchas veces sacados del bolsillo de las ovejas con artimañas y falsa espiritualidad, no debe ser óbice para que NO diezmemos a la obra de Dios. Solo EL se encarga de hacer justicia. Nosotros debemos entregar los recursos creyéndole a DIOS y actuando en amor por las almas perdidas, para que las iglesias y los ministros escogidos, puedan seguir haciendo la obra de evangelización que les fue encomendada.  Para los que se aprovechan, el castigo es tremendo como Dios mismo se los dejó advertido en Su palabra.  Creamos lo que dijo y dejémosle a Él, el castigo para esos pastores ladrones y manipuladores:

Ezequiel 34:2-10; (…) Tú, hombre, habla en mi nombre contra los pastores de Israel, y diles: “Esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se cuidan a sí mismos! Lo que deben cuidar los pastores es el rebaño. Ustedes se beben la leche, se hacen vestidos con la lana y matan las ovejas más gordas, pero no cuidan el rebaño. Ustedes no ayudan a las ovejas débiles, ni curan a las enfermas, ni vendan a las que tienen alguna pata rota, ni hacen volver a las que se extravían, ni buscan a las que se pierden, sino que las tratan con dureza y crueldad. Mis ovejas se quedaron sin pastor y se dispersaron, y las fieras salvajes se las comieron. Se dispersaron por todos los montes y cerros altos, se extraviaron por toda la tierra, y no hubo nadie que se preocupara por ellas y fuera a buscarlas. Así que, pastores, escuchen bien mis palabrasYo, el Señor, lo juro por mi vida: Fieras salvajes de todas clases han robado y devorado a mis ovejas, porque no tienen pastor. Mis pastores no van a buscar a las ovejas. Los pastores cuidan de sí mismos, pero no de mi rebaño. Por eso, pastores, escuchen las palabras que yo, el Señor, les dirijo: Pastores, yo me declaro su enemigo y les voy a reclamar mi rebaño; les voy a quitar el encargo de cuidarlo, para que no se sigan cuidando ustedes mismos; rescataré a mis ovejas, para que ustedes no se las sigan comiendo (…)

Dios es el que juzga. Nosotros solo lo honramos con nuestros diezmos y cada pastor le debe responder directamente a El sobre lo que hizo con los recursos que las ovejas DE JESUS; entregaron por amor a la Iglesia local, para que el pastor predicara y expandiera Su evangelio y le diera alimento espiritual al rebaño que le encomendó Cristo.

Siempre que el enemigo ha querido destruir a las familias, ha dirigido su intervención hacia lo que es consagrado para Dios. Debemos preservar nuestra iglesia entregando nuestros diezmos para la obra de Cristo de manera que podamos cumplir Su comisión.

Pero recuerde, Dios ama es al dador alegre y no quiere que diezmemos con tristeza o por necesidad.

2 Corintios 9:7; (…) Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre (…).

Bendiciones

Pablo José

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