Debemos siempre
recordar dónde estábamos, de dónde nos sacó Dios. Todo el que está metido en pruebas, no debe abandonar
nunca los caminos de Dios, porque al final de éste, lo está
esperando todo el bien que Dios le quiere dar, cuando el carácter haya sido formado.
Primer principio: Ama
a Dios sobre todas las cosas
Romanos 8:28; (…) Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien (…),
Jesús decía: “Todo lo que tiene el
Padre es mío”. Busque a Jesús de todo corazón y las cosas le serán añadidas. Aprenda a vivir por la añadidura que Dios da.
Dios es un Dios de recompensas. Dios
mira los corazones, sabe a quién da y a quién no. El no es un Dios de igualdad.
A uno le dio diez talentos, a otro cinco y a otro uno. Dios es real, mira y recompensa. Cuando predicamos a Cristo (no necesariamente
transmitiendo la palabra de Dios sino haciéndola real en nuestra vida, dando
testimonio con nuestras acciones diarias) no buscando la añadidura, Dios va a
prosperarnos. Tarde o temprano Dios recompensa
a quien hace bien las cosas. Si hacemos bien las cosas, nos convertimos en ese
hombre o mujer de los cinco talentos
y producimos otros cinco. Normalmente, el frustrado le echa la culpa a Dios,
pero Él lo había bendecido. Hoy critican a los que
producen, no a los que no. Dios nos va a usar como una iglesia bendecida. Nunca se escucha difamar a todos los que no
lo logran. A un árbol sin fruto NADIE le tira piedras. Decía don Quijote de la
Mancha “Ladran los perros, Sancho, LUEGO, cabalgamos”. Tenemos que
hacer las cosas bien hechas en el reino de los cielos, no importando lo que
digan.
Segundo Principio: Hacer
Su voluntad
Mateo 7:21; (…) No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará
en el reino de los cielos, sino el que
hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos (…).
Nunca debemos hacer uso de la Palabra para hacer nuestra
propia voluntad, sino que debemos permitir que
Dios haga uso de cada uno de nosotros para hacer la Suya. Mucha gente cuando
ve los ministerios o los negocios prósperos de otros, quiere eso, la bendición
inmediata, en lugar de querer hacer la voluntad de Dios para su propia vida o
negocio. El éxito en el ministerio o en la empresa propia se logra cuando uno
mismo decide NEGARSE a los sueños propios y decide tener los de Dios. Los
grandes pastores o líderes de hoy, lo son porque un día decidieron NO hacer su
propia voluntad, sino la del Padre: hacer discípulos y ahorrar, dejar de darse
gustos superfluos para invertir en su negocio. La unción está repartida por
todos lados, está delegada. Al hacer Su voluntad, viene el crecimiento y los
discípulos. Si un líder quiere hacer su propia voluntad y únicamente satisfacer
su necesidad de predicar, en lugar de satisfacer el sueño de Dios, su grupo no
crece. Dios no da crecimiento a cualquiera, sino a cierto tipo de personas.
Debemos menguar y morir a muchas cosas propias, a nuestros propios conceptos, a
nuestra propia voluntad. Si lo que queremos es que la gente necesitada sea
satisfecha, si queremos verla crecer, nuestro grupo o negocio va a crecer.
Debemos hacer la voluntad del que nos envió, del Padre. Negarse uno a la propia
voluntad para hacer la de El es un éxito rotundo. Algunos se visten de ovejas
en las iglesias, pero por dentro son lobos rapaces. Un lobo es alguien que se come a otros, no alguien que los cuida. Por sus
frutos los conoceréis. Muchos ministerios creen que pueden serlo sin cuidar a
nadie. La voluntad de Dios es que
hagamos discípulos. Hay mucha gente que quiere hacer milagros, pero no
quieren cuidar a nadie. Los falsos
profetas están entre las ovejas. Hay quienes quieren tener el don de
hablar, predicar, pero luego se olvidan de cuidarlas, discipularlas. Debemos
hacer la voluntad del Padre. Jesús vio a la gente y tuvo misericordia. Dijo:
“Están como ovejas sin pastor.
Ustedes deben pastorearlas”.
Mucha gente no da fruto porque cree en
el poder de los dones y/o resultados instantáneos, y por eso les falta
carácter, paz, templanza, mansedumbre. El fruto del espíritu no es dejar de
beber o fumar. El fruto no lo produce el
poder de Dios, sino la obediencia, hacer Su voluntad. Cada uno de nosotros
está en su grupo o iglesia para amar, aunque nadie lo ame. El fruto del
espíritu no es ser amado, sino amar. Según el nivel en el liderazgo, así es el
ataque que cada uno recibe. Dios nos va
a exigir madurez a todo nivel. A veces subimos el nivel, pero dejamos
tirado el carácter.
Tercer Principio: Buscar
primeramente el reino de Dios y su justicia
Mateo 6:33; (…) Mas buscad primeramente el reino de Dios y su
justicia, y todas estas cosas os serán
añadidas (…).
Cuando llegamos a los pies de Cristo,
lo hicimos buscando algo: prosperidad, restauración, sanidad, etc. Todo esto
nos lo dio alguien. Hay que operar bajo los principios del reino de los cielos que
este mundo no entiende, pero funcionan. Recibimos ataques por estos
principios, porque hay valores. Usted escogió vivir de acuerdo al reino donde
Jesús es su Rey, no sólo su Salvador, y no el de los hombres.
Cuando lo recibió para perdón de sus pecados, El es su Salvador; pero cuando le obedece en todo, es su Señor.
No hay cosa que se pueda comparar a
vivir en obediencia.
Cuarto Principio: No
olvidarnos que fue Dios
Deuteronomio
8:11-18; (…) Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios para
cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no
suceda que comas y te sacies, y
edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y
la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres, se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides
de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre;
que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes
ardientes, y de escorpiones y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de
la roca del pedernal; que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido,
afligiéndote y probándote para a la postre hacerte bien; y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído
esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder
para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día (…).
El día que nos olvidemos que ha sido
El, estamos en serios problemas. Una de las señales de que nos olvidamos que El
es el Dios que nos suple, que nos sostiene, es que cuando somos prosperados o
bendecidos, dejamos de cumplir Sus mandamientos, dejamos de buscar Su reino y
empezamos a establecer el nuestro. (Yo soy el superPablo, el poderoso, el inteligente,
el capaz de todo, me sanó el médico, la medicina, Dios no tuvo nada que ver,
ese trabajo me lo dieron mis palancas, etc). El problema no son las cosas, ni
el oro, la plata, no es todo lo que tengamos en mente, sino si el corazón se
enorgullece. Pero si nuestro corazón logra soportar eso, El nos da eso y mucho
más. Tenemos que aprender a ver como Dios ve. El dijo que nos cuidemos. Si usted
tiene un hijo obediente y usted tuviera de todo, ¿qué no le daría? Si nosotros
siendo malos, no seríamos capaces de negarle nada a nuestros hijos, ¿cuánto más
Dios será con nosotros si cumplimos sus mandatos y somos obedientes a Su
palabra? Recuerda dónde estabas, de dónde
te sacó Dios. Todo el que está metido en pruebas, no abandone los caminos de
Dios, porque al final de éste, lo está esperando todo el bien que Dios le
quiere dar, cuando el carácter haya sido formado.
Hay quienes murieron en el desierto, y
ni vivieron bien ahí ni entraron a la tierra prometida.
La gente cree que sólo hay que aguantar el desierto, pero hay que seguir hasta
el final. Dios da las riquezas, entonces HAGAMOSLAS, a no ser que creamos que
es por nuestras fuerzas. No olvidemos, acordémonos
que fue Dios el que nos las dio. Hay dos peligros: cuando ya las hicimos,
podemos decir: “fueron mis fuerzas las que me la dieron”; pero si no las hacemos,
es porque estamos creyendo que es con nuestras fuerzas, entonces estamos igual
que el otro, la única diferencia es que nunca las llega a ver. Al que ya las
hizo no se le tiene que olvidar que fue Dios el que se las dio, pero el que no
las ha hecho tiene que pensar que es Dios el que las da, que no las va a
conseguir por sus propias fuerzas. Si se cree en el pacto que El juró y que por
eso nos da el poder para hacerlas, eso es otra cosa. Tiene que haber un
pensamiento creativo en alguien para poder hacerlas. Si para Dios la riqueza no fuera importante, ¿por qué lo jura en
un pacto y lo confirma? Hay que averiguar para qué son.
Quinto principio: Hacer
a los demás lo que queremos que nos hagan a nosotros
Mateo 7:12; (…) “Así que todas las cosas que queráis que los hombres
hagan con vosotros, así también haced
vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas”(…).
Esta es una de las enseñanzas más
importantes de toda la Biblia.
Si usted quiere leer toda la ley, y no todos los profetas, se
la puede ahorrar. Todo está resumido en esto: “pedid y se os dará; buscad y hallaréis; tocad a la puerta y se os
abrirá”. Si usted quiere recibir, DE; quiere perdón, perdone; quiere misericordia,
téngala. Todo el pasaje habla de las cosas que podemos pedirle a Dios como nuestro padre. Al final, lo resume con que
tenemos un Padre bueno, que le pidamos y nos dará; que lo busquemos y lo
encontraremos. Jesús vino a simplificar
las enseñanzas que los profetas dieron. No se dejen engañar por doctrinas
que vienen y van. Lo que usted quiera tener, DELO; lo que quiera que le hagan,
hágalo. Ese es el resumen. Es doloroso y tiste ver que hay gente que no cree
que a Dios se le puede pedir como a un
buen Padre. Hablan de paternidad y no tienen padre.
RECORDEMOS
SIEMPRE
Ø Ser
agradecidos con Dios.
Ø Saber y
reconocer que es Dios el que todo lo puede y todo lo hace.
Ø Aceptar que
usted está aquí porque Dios lo trajo;
Ø Hacer a los
demás, lo que queremos que nos hagan.
Ø Que esta
construcción física y humana está, porque Dios la hizo;
Ø Reconocer que
la gente se sana por el poder del Señor Jesús.
Ø Es la gracia
y el favor de Dios la que nos consigue todas las cosas.
Ø Fue El quien
tocó su corazón.
Ø Por la gracia
de Dios recibimos nuestra salvación eterna.
Bendiciones
Pablo José
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