ES TIEMPO DE APRENDER A HABLAR
¿Qué escuchamos y que declaramos? Nuestra vida se define a través de las palabras, y el Señor nos recalca que: “Cuidemos la boca”. Dios le dice a Josué para que tenga éxito en conquistar la tierra prometida: “Solamente así tendrás éxito, esfuérzate, se valiente, medita en mi palabra de día y de noche y no se aparte este libro de tu boca”. En resumen, le aconseja: Esfuerzo, valentía, meditación y confesión.
En Mateo
12:34, la palabra de Dios dice que “de la abundancia del corazón habla la
boca”. Ahí nos recuerda que las palabras salen del corazón a través de la boca,
o sea que, la boca habla de lo que llevamos dentro.
Aprendamos
entonces cómo hablar desde nuestro hogar, de manera cotidiana. Veamos esta reflexión:
Muchos padres
de familia, no les están dando ningún buen ejemplo a sus hijos. Hoy, los hijos
son los jueces de sus padres y no los padres jueces de los hijos. ¿Y saben
por qué pasó eso? Porque no se mantuvo, no se enseñó, no se practicó ni se dio
ejemplo diario de moral y buenas costumbres cristianas en los hogares. El que
mantenga la moral, mantiene la autoridad. Por eso, los padres de familia, deben
mantener en sus hogares el estándar de la moral que lo aprendemos de la palabra
de Dios, porque si se baja el estándar, los hijos lo alcanzan rápido, pero, si
lo suben, los hijos tendrán que esforzarse por alcanzarlo. Es la única forma de
ver una generación de jóvenes levantándose y rebasándonos para la gloria del
Señor Jesucristo.
¿Qué estamos hablando en nuestros hogares? ¿Qué ejemplo se está dando desde los hogares? ¿Qué se está declarando en los
hogares? ¿Cómo se habla de Dios, de los gobernantes, de los negocios, de la
responsabilidad, de las buenas costumbres, etc.?
Jesús
dice que cualquier palabra que se hable en contra de los hombres o en contra
del Hijo de Dios será perdonada, pero que cualquier palabra que hablen en
contra del Espíritu Santo, es decir, atribuirle al Espíritu Santo cosas
diabólicas, es el ÚNICO pecado que no tiene perdón. Una blasfemia contra
Dios (Contra su Espíritu Santo), sucede cuando le
atribuimos lo malo que pasa o nos sucede: Por ejemplo, decir que el
cáncer que tiene se lo mandó Dios, o que este virus actual es un castigo de
Dios. O sea, que Dios es el Dios que le da cáncer a todo el mundo, o el que nos
manda las enfermedades o plagas. Cuando se
empieza a hablar así, Dios se marcha, se va de su casa y de su sala, porque
usted lo ha deshonrado al punto de atribuirle un hecho malo.
Dios es
el que sana el cáncer no el que lo pone. Si usted cree que Dios pone el cáncer
¿Por qué le pide entonces que se lo quite? O al revés. Si Dios se lo
mandó, ¿entonces por qué lo reprende? ¿Por qué pide que oren por usted para que
se lo quite? Todas esas creencias están mal fundamentadas y llevan a las
personas a hablar mal de Dios (blasfemar).
Debemos
entender y creer, que Dios es el creador de lo bueno y que tenemos una pelea es
contra el diablo.
Es lo
mismo cuando las personas dicen que están en una crisis económica muy grande,
que no tienen para comer y que es Dios el que le
mandó la prueba. Eso es una blasfemia. ¿Acaso no ha leído el
Padre Nuestro? Dice, el pan nuestro dánoslo hoy y perdona nuestros pecados. No
hay pecado por el cual un padre en este mundo le quite el pan a su hijo, y Dios
es nuestro Padre. Cuando un padre
corrige a un hijo porque ha hecho lo malo, lo corrige con otras cosas, pero
jamás le quita el pan por varios días, tampoco le quita el beso, el abrazo, el
cariño, el amor, mucho menos la comida. Se le disciplina de otra forma. Por eso
en la palabra Dios nos recuerda “Si ustedes siendo malos dan cosas buenas a
sus hijos, cuánto más Dios no nos dará…”.
¿Quién
corre el riesgo de blasfemar contra el Espíritu Santo? El que vive hablando
contra los hombres todo el tiempo, el que le echa la culpa a Dios de sus desgracias
todo el tiempo. Si usted es una persona que todo el tiempo está hablando mal de
alguien, quejándose, juzgando, señalando, como si usted fuera Dios, corre el
riesgo de hablar mal de Dios y blasfemar contra el Espíritu Santo. Pero,
por el contrario, los que siempre hablan bien de los demás, los que siempre
están viendo lo bueno de la gente, están muy lejos de blasfemar.
Mateo 12:35-37
El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre
malo, del mal tesoro saca malas cosas. Más yo os digo que de toda
palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del
juicio. Porque por tus palabras serás
justificado, y por tus palabras serás condenado.
En el
contexto, sacar buenas cosas se refiere a las buenas palabras. Quiere decir que
el tesoro que tenemos dentro, se revela en la expresión que nosotros tenemos. Un
buen testimonio comienza con buenas palabras. Recordemos que cuando arrestan
a una persona, lo primero que se le advierte es que: “todo lo que diga podrá
ser usado en su contra”.
Romanos
10:8-10 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón.
Esta es la palabra de fe que predicamos: que, si confesares con tu boca
que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los
muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con
la boca se confiesa para salvación.
¿Cuántas
veces usted ha dicho cuando expresa mal una idea “no fue eso lo que quise decir”?
Quiere decir que en su corazón usted creía algo, pero no lo confesó bien con su
boca. Uno debe alinear el corazón a la boca y la boca al corazón.
Usted puede creer algo en el corazón, pero al no expresarlo bien, la boca lo
condena. Uno puede meterse o salir de problemas gracias a la boca, por
eso siempre debemos usarla para lo bueno, porque (…) por tus palabras serás
condenado y por tus palabras serás justificado o salvo (…).
Si su
corazón tiene algo, alinéelo a su boca, porque un reino dividido contra sí
mismo no prevalece, por ejemplo, si está enfermo y cree que Jesús murió por su
sanidad, no confiese que se va a morir, no sea que el diablo escuche y se lo
lleve, como fruto de la confesión de su boca. Las cosas que decimos creer,
son las que debemos confesar.
Si cree
que Dios está con usted, deje de hablar de la crisis, de la muerte probable que
va a tener si le da COVID. Si va a hablar de la crisis, que sea sólo para hacer
un contraste como hacía David. David hablaba del pozo de la desesperación, pero
confesaba que era Dios el que sacaba su vida de ese pozo. David
hablaba de valle de sombra y muerte, pero confesaba que no iba a temer mal
alguno porque Dios lo acompañaba al cruzarlo. Claro que se puede
hablar de la crisis, pero siempre confesando que, a pesar de la crisis, nunca
se va a mendigar pan. Es tiempo de arrepentirnos de hablar lo
que no se debe, es tiempo de aprender a hablar.
Bendiciones
Pablo
José

Comments
Post a Comment