Jesús y la ira

Hasta el momento en que Cristo muere en la cruz, cumplió TODA la ley de Moisés (los 10 mandamientos) y todas las ordenanzas de los judíos, pero acá empieza a explicarle a sus discípulos y a los que lo escucharon en este sermón del Monte, que la interpretación que le daban los fariseos, publicanos, herodianos y demás sectas judías de esa época a este mandamiento de “no mataras”, ESTABA ERRADA, pues ellos solo miraban la manifestación EXTERNA del mandamiento. Veamos como amplió el alcance de ese mandamiento:

Mateo 5:21-26; (…) Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: "No mates, y todo el que mate quedará sujeto al juicio del tribunal." Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Pero cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al juicio del infierno. “Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda. Si tu adversario te va a denunciar, llega a un acuerdo con él lo más pronto posible. Hazlo mientras vayan de camino al juzgado, no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te echen en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo (…).

 

Por ejemplo, en esta explicación, MO MATAR solo lo veían como que cualquiera que mate será reo de juicio insinuando con ello que la ley de Moisés era solo externa (si mata, se juzga y recibe un castigo) y que solo prohibía el acto de asesinato, sin acabar de raíz o poner freno a las pasiones que daban origen a los pleitos, guerras y asesinatos. El error que cometían los judíos de esa época era interpretar que la ley de Dios prohibía solamente el acto pecaminoso de matar sin entrar a profundizar en que prohibía también el pensamiento pecaminoso (pensamientos, sentimientos, emociones que conducen al acto pecaminoso en si o a la manifestación física del hecho pecaminoso).

Jesús explica así la Ley existente, en algunos de sus puntos particulares, profundizando en la naturaleza espiritual de la ley para atacar la raíz del pecado en cada aspecto de la misma. Aclara por ejemplo que:

1.      Cualquier enojo irreflexible sin causa contra un hermano, equivale en su concepto a un asesinato y debe ir igualmente a juicio ante el tribunal local judío que en esa época tenia 23 miembros.  El enojo, siendo una pasión natural, es pecado si se genera contra un hermano sin causa justa, sin fundamento, sin que haya provocación justa, por trivialidades, acompañado de ultrajes, con intención de herir o hacer daño, pues al actuar de esa manera se están dando los primeros pasos para matar al hermano, si fuera posible. 

2.      Por el orgullo y con la lengua también podemos asesinar a un hermano al tratarlo de necio (en hebreo la palabra es RACA, palabra de desprecio que nacía del orgullo y equivalía a decirle necio, imbécil o mentecato o sin sentido). El uso de lenguaje oprobioso contra un hermano, lo califica Jesús dentro del mismo rango para juzgar un asesinato, pues el corazón del ofensor esta lleno de deseos de hacerle mal a su hermano y por ello también debía en su concepto ser reo de juicio ante el concilio o Sanedrín de esa época que tenía 71 miembros.

3.      Aquel que le diga con odio, fatuo, a un hermano (en arameo la palabra es moreh, palabra que nacía del odio y equivalía a decirle fatuo, loco, impío, renegado o sin gracia de DIOS), lo está ultrajando, no solo tratándolo como a un ser indigno o falto de honor sino como a un ser vil e indigno de amor. La enseñanza es que es peor cuando la ofensa verbal tiene que ver con un ataque o reproche a la condición espiritual de una persona, pues esas calumnias o censuras maliciosas son un veneno bajo la lengua que mata despacio y silenciosamente al ofendido, o sea que esas apreciaciones o expresiones de odio, son raíces de asesinato. Acá advierte que esa persona que ofende con odio a un hermano, no solo debe enfrentarse a un juicio en la tierra (ante el sanedrín o corte suprema judía en esa época) sino que enfrentará también el juicio de Dios ante la Corte Celestial y será reo de fuego o quedará expuesto al infierno de fuego.

Concluye esta enseñanza en manifestar que si tenemos algún problema con un hermano y ese problema rompió nuestras relaciones, debemos afanarnos por procurar la reconciliación preservando el amor cristiano y la paz que debemos tener con todos nuestros hermanos, pues mientras no hagamos esto, estamos indispuestos para tener comunión con Dios. Si el problema no lo inicié yo, solo basta con PERDONAR al hermano que me ofendió, pero, si el problema o el mal lo inicié yo, “…anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda…”, o sea que esto debo hacerlo antes de acercarme a DIOS en mis oraciones privadas.

La lección aquí es que antes de que participemos en algún acto con Dios (la cena del señor, el devocional diario, las peticiones a Dios en nuestras oraciones, etc.) debemos reflexionar seriamente y examinar nuestro corazón, pues ese acto no es aceptable ante Dios si en mi corazón todavía tengo falta de perdón o ira hacia algún hermano que me haya ofendido, o al cual yo haya ofendido.  La palabra es clara en manifestar que las oraciones manifestadas con ira, están escritas en hiel y no son aceptadas por Dios, como lo vemos en Isaías 1:15 “…15 Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos.

Por último, en este pasaje Jesús nos da instrucciones claras sobre la forma como se debe proceder con el agraviado u ofendido para evitar perjuicios materiales y espirituales, como lo explica en el final de esta parte de su sermón

v  En el aspecto terrenal o material: Si hemos ofendido a alguien en su persona, bienes o su reputación, produciéndole un perjuicio considerable, estamos obligados a someternos con humildad y darle una satisfacción acorde al perjuicio causado pues puede suceder que el agraviado presente una demanda ante la justicia y logre una medida extrema como llevar al ofensor a la cárcel. Jesús sabiamente recomienda que se logre un entendimiento para evitar un pleito ante un tribunal que siempre conlleva costosos honorarios y peligrosas medidas de fondo en el fallo. La idea es que el ofensor sea justo en el resarcimiento y el ofendido sea misericordioso en recibir las justificaciones o desagravios.

v  En el aspecto espiritual: debemos reconciliarnos con nuestro hermano, ser justos y reconciliarnos con el porque mientras continúe la enemistad no estaré preparado para presentar mi ofrenda ante Dios y recordemos que ofrenda no es solo llevar diezmos o dinero a la iglesia local sino alabarlo y adorarlo (ofrenda de labios), enseñar la palabra (ofrenda de dar conocimiento a otros), servir en la iglesia ( ofrenda de tiempo al señor), tomar la cena ( ofrenda de recordación del supremo sacrificio de Jesús) etc.  Dios ama al pecador, pero aborrece al pecado y si yo no amo a mi hermano perdonándolo, El tampoco me perdona mis ofensas y continuó separado o incomunicado de Dios perdiéndome los beneficios y quedando expuesto al ataque del enemigo pues quedo fuera de la cobertura o protección de DIOS.

Practiquemos esta enseñanza.

Bendiciones

Pablo José

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