LOS CONFLICTOS
Todos sabemos que los conflictos generalmente nacen por existir dos puntos de vista diferentes sobre una misma cosa.
¿Alguna vez ha tenido
un conflicto personal con alguien?
¿Puede responderse
usted mismo de
corazón si los tiene con regularidad?
EL
EJEMPLO DE LOS NIÑOS
Jesucristo nos dio un
claro mandato en esta enseñanza.
Mateo 18:2-4; (…) Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de
ellos, y dijo: De cierto os digo, que si
no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino
de los cielos (…).
El mandato es que nos
volvamos como los niños para que podamos entrar al reino de Dios.
¿Ha visto cómo es que los
niños resuelven sus conflictos?
Si ellos se pelean por
un juguete, un helado o por cualquier cosa, notará que a los pocos minutos
están jugando juntos otra vez. No están heridos, no quedan resentidos, no
guardan rencores y no
necesitan un encuentro o cita especial ni un intermediario para sanar su alma.
En ocasiones cuando la mamá lo regaña fuerte y se siente ofendido o maltratado,
llora. Pero si después, la mamá se da cuenta que lo lastimó y le pide perdón,
él la abraza y le dice que no importa. ¿Qué necesitamos entonces para resolver
o para salir de los conflictos? ¿Madurez o inocencia? Necesitamos más inocencia. Un niño es inmaduro, pero gracias a su inocencia resuelve sus
problemas.
Los adultos nos complicamos con Dios y con los
hombres que somos hechos a imagen y semejanza de Dios. En la sencillez está la
felicidad. Nadie es perfecto, entonces, no tenemos por qué exigir la perfección
a los demás. Si usted es de las personas que están midiendo todo el tiempo el comportamiento (las
manifestaciones) de los demás, deje
de hacerlo porque más adelante los demás lo van a hacer con usted
también.
Jesucristo dijo que él
no juzgaba.
Lucas 12:13-14;
(…) Le dijo uno de la
multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Más él le
dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre
vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y
guardaos de toda avaricia (…).
Jesús no les dijo nada
más porque sabía la raíz del problema
que había generado el conflicto entre esos dos hermanos.
A veces queremos
resolver las cosas en la superficie en lugar de arrancar el árbol de raíz. Los
conflictos suelen pasar entre madres e hijos, entre amigos, entre patrono y
empleado, entre líder y seguidor, entre compañeros de estudio y de trabajo. No
estamos libres de conflictos, pero sí debemos saber salir de ellos atacando la
raíz del mismo y nunca las manifestaciones.
¿Tiene usted problemas
en su matrimonio? ¿De qué tipo son? Si es de tipo sexual, usted debe hablar
de sexo con su pareja. No empiece diciendo que el desayuno estaba chimbo, que
se deben reparar las goteras pues estamos en época de lluvias, etc., etc.
Con mucha frecuencia evadimos
las verdaderas razones que nos están ocasionando el conflicto y por eso es
que no se camina hacia la solución del mismo. Siempre se debe hablar claro con
la contraparte sobre el origen o la causa del mismo para construir en conjunto
las soluciones.
Cuando hay un conflicto
y no se ha solucionado de fondo, cualquier cosa que una de las partes
manifieste, por inocente que sea, hace que la otra parte arme una algarabía.
Por ejemplo, el hombre le dice a la mujer que una mata del apartamento se está
marchitando, que la saque al sol y la riegue o que le diga al jardinero que lo
haga. La esposa se siente, y le dice que no la quiere y que esa es la mata que
le regaló su mamá y empieza a llorar. Más adelante si el esposo quiere hablar
del problema, empieza a sollozar, y si le pregunta qué le pasa, le responde que
nada, que llora por la cebolla que están picando en la cocina.
Para saber de qué
manera tratar o resolver los conflictos, primero debemos saber de dónde
provienen.
La Biblia
en Gálatas 5:13-15 dice: Porque vosotros, hermanos, a libertad
fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la
carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta
sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis y os coméis unos a
otros, mirad que también no os consumáis unos a otros (…).
El no resolver los
conflictos desde su raíz puede hacer que se consuma la gente. La no
resolución del problema dejándolo a medias, puede hacer consumirse a la otra
persona o a uno mismo. El problema no desaparece, pero lo que sí se evapora
es el cariño, y empieza la hostilidad y el enfriamiento.
Por no resolver los
conflictos, podemos llegar al extremo de ir mordiéndonos, mientras la Biblia por
el contrario NOS ORDENA que debemos soportarnos los unos a los otros, y
llevar las cargas los unos de los otros.
Colosenses 3:12-15; (…) Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y
amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre,
de paciencia; soportándoos
unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro.
De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas
estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios
gobierne en vuestros corazones (…).
Más adelante en el
capitulo 5 de Gálatas, en los versículos 16-24, dice: (…) “Digo, pues; andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la
carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del
Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo
que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las
obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones,
herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a
estas; acerca de las cuales yo os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que
los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto
del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que
son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos (…)..
1.
Adulterio,
2.
Fornicación,
3.
Inmundicia,
4.
Lascivia,
5.
Idolatría,
6.
Hechicería,
7.
Enemistades,
8.
Pleitos,
9.
Celos,
10.
Iras,
11.
Contiendas,
12.
Disensiones,
13.
Herejías,
14.
Envidias,
15.
Homicidios,
16.
Borracheras,
17.
Orgías,
Y cosas semejantes a
estas
Nueve (9) de ellas,
(las resaltadas en rojo) que representan un poco más del 50%, tienen que ver
con relaciones personales. Todas estas obras de la carne resaltadas en
rojo están relacionadas con el trato entre dos personas. Si su
comportamiento tiende permanentemente a esas manifestaciones, significa que usted
ANDA EN LA CARNE.
1 Corintios 11:19; (…) Porque es
preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre
vosotros los que son aprobados (…).
La mayor parte de la
gente no diferencia entre el problema laboral o administrativo y el personal.
Si viene el jefe y le pregunta por qué llega tarde, inmediatamente cree que lo
hace como un ataque personal, que le tiene bronca y que está buscando echarlo.
Pero si ese comportamiento de llegar tarde ya es repetitivo, lleva siete días
llegando tarde, ¿cómo no lo van a cuestionar?? Es tan honesta esa persona para
preguntarse en esa situación. ¿Por qué vuelvo este problema personal si es laboral?
Un entrenador de
baloncesto tenía uno de los mejores jugadores en su equipo. Este jugador tenía
barba y para jugar debía afeitarse y no quería. Y el entrenador le dijo que la
decisión de tener barba o no, no dependía de él, pero el hecho de que jugara o
no, sí era decisión suya y que mientras no se afeitara estaría en la banca
viendo jugar a los demás.
Seguramente algunas
veces tendremos situaciones en la cuales no es correcto lo que nos dijeron,
pero igualmente debemos analizar si fue incorrecta la forma en que respondimos.
¿Lo han ofendido? ¿Cree
que la gente que lo ofendió lo hizo a propósito? ¿Ha ofendido a alguien?
¿Acepta que lo ofendió a propósito? ¿Por qué cree usted que todo lo que le hacen
es premeditado y lo que usted hace siempre es sin querer?
La mayor parte de la
gente le ofende o lo lastima sin intención, pero cuando eso sucede, casi
siempre se piensa que fue
premeditado. Eso genera hostilidad porque lo primero que se hace es emitir un juicio de esa persona, en
lugar de resolver el problema. Después viene la rabia o la molestia, y
nadie que esté molesto piensa bien de otro. Cuando se está molesto con alguien,
normalmente no se habla bien de él. Vemos entonces que la mayoría de los problemas
están relacionados con el trato a los semejantes, y éstos surgen de la carne o de nuestros pensamientos mundanos o carnales que
nos llevan a dar frutos de la carne.
La Palabra del Señor en
Santiago 4:1 dice:
“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos
entre vosotros? ¿No es de vuestras
pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis;
matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no
tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal
para gastar en vuestros deleites”.
Analicemos nuestros más
comunes comportamientos cuando tenemos conflictos o discrepancias por algo. Nos
da IRA o ENOJO, pero, el enojo no es un demonio, es una obra de la
carne y como tal no la podemos reprender.
En la vida siempre
vamos a necesitar gente que esté mejor que nosotros para que nos inspire. La
gente que tiene envidia nunca se levanta porque no se deja inspirar por nadie.
La envidia no es amiga de nadie, es enemiga de todo aquel que desee superarse.
La envidia hace que juzguemos mal al jefe, a la empresa que nos dio el trabajo
o a otra persona que ha tenido mejores manifestaciones mundanas de éxito que
las nuestras; y cuando eso se da, ya no se quiere competir por ganar más, sino
por quitarle algo al otro. Eso no es de Dios. La Biblia dice que debemos ser
pacificadores y que los mansos heredarán la tierra.
En algunas ocasiones,
pareciera ser que tenemos telarañas dentro de la cabeza que no nos dejan
pensar, juzgamos las cosas de manera incorrecta y mientras tanto tenemos un
conflicto interno. Debemos dejar eso por un lado y vivir en paz y tranquilo en
Cristo Jesús.
Si no se trata de fondo
la verdadera causa del problema, se va a entrar en hostilidad. Y si ésta crece,
cuando se vaya a tratar el verdadero problema, se tendrán que arreglar otros
más que antes no se tenían.
No debemos ser de esas
personas que hablan arrebatada o aceleradamente, pues debemos RECORDAR que quien
tiene éxito para hablar no es el que sabe cómo hacerlo, sino el que conoce cómo escuchar a la
gente.
Si usted va a tratar un
conflicto, no le de vueltas y vueltas, porque quizás la otra persona no sabe de
qué se trata o no se dio cuenta que su actitud o comentario le causó a usted
ese conflicto. Por eso usted DEBE IR AL GRANO y manifestarle su pensamiento o
incomodidad al respecto de la forma mas cortes posible, sin ofensas personales,
sin usar adjetivos calificativos.
Si es usted padre, debe
meditar cuál es la raíz verdadera del conflicto con sus hijos. ¿Todavía tiene
conflicto con su hija porque quedó embarazada hace años y no le aprobó el
matrimonio y tiene años sin disfrutar a su nieto? Aunque a veces son necesarias
las reglas, necesitamos un poco más de amor.
¿Cuánto hace que no
habla con sus papás porque le complicaron la vida según su criterio? ¿Por qué
no va y les habla? No diga que es feliz así. Está soportando el conflicto, que
es diferente. No evite el conflicto. Resuélvalo, porque si ya tiene el
problema, no puede seguir evitándolo.
Pídale a Dios que su Espíritu Santo sea quien lo dirija y lo haga callar cuando
sea necesario, que le dé el amor suficiente para resolver el conflicto y que le
ayude en sus relaciones con las demás personas. Se lo digo yo, EL LO AYUDA de
una manera espectacular.

Comments
Post a Comment