Está en nuestra naturaleza humana
inquietarnos y venirnos abajo (desmayar). Y es muy difícil no perder el ánimo, cuando
tenemos un ser querido agobiado por una enfermedad, sobre todo en estos momentos
de pandemia por el COVID y los médicos no nos dan reportes alentadores. Es ahí
en donde sale a prueba nuestra fe y confianza en Dios el Padre.
“No temas, porque yo estoy contigo; no
desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré,
siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” Isaías 41:10
Esta es la frase que Dios nos quiere recordar
hoy: “No desmayes…”
Un día, Jesús le dijo a Marta: “Marta, Marta, afanada y turbada estás
con muchas cosas...” Lucas 10:41.
Somos muy a menudo como Marta: nos
afanamos y nos inquietamos por muchas cosas, a veces hasta desmayar. Nos
metemos presión por hacer cincuenta mil cosas, y, en nuestra agitada carrera,
nos olvidamos de lo más importante: que Jesús está ahí, en la casa con
nosotros, a nuestro lado. En este pasaje, Marta no tiene más que una idea en su
cabeza: ser una perfecta ama de casa para su huésped. Lo que Marta olvida es
que nuestro amado Señor Jesús no busca que le hagamos banquetes, atenciones
superespeciales, ofrendas, promesas, ni que nos olvidemos de El por atenderlo.
El busca que lo escuchemos, que lo amemos, que vivamos Su palabra, como le dijo
a Marta. Se perdió lo mejor por no hacer lo que hizo su hermana, que se tendió
a Sus pies a escucharlo para aprender.
Veámoslo en la palabra: Lucas 10:42; “pero sólo una cosa es necesaria.
María ha escogido la mejor parte, y nadie se la va a quitar”.
¿Qué relación tiene esto con nosotros
hoy?
Que es inútil afanarnos por nuestros
problemas, por todas aquellas cosas que nos estresan, sin escuchar
ni pararle bolas a Jesús, ya que eso nos lleva a desmayar. Jesús es Aquel que
nos provee, hace milagros, sana a los enfermos, libera a los cautivos y
restaura a los que tienen el corazón roto. ¡Él quiere que nos concentremos SOLO
en Él! Pero el diablo es experto en atacarnos y nosotros en dedicarnos a mirar
el problema y en distraernos con ese ataque (magnificar el problema) en vez de
poner nuestra mirada en Jesús, quien es mucho más grande y poderoso que el problema
en sí.
Si estamos frente a una situación
imposible, tratemos de hacer solo 3 cosas:
a)
No nos afanemos,
estresemos ni apresuremos.
b)
No intentemos
resolver esa situación por nosotros mismos.
c)
Entreguémoselo a
Jesús y descansemos en El.
Sea cual sea el problema, debemos
presentárselo a Jesús. ¡Él lo puede todo! ¿Por qué no dejar a Jesús, que es el
huésped de nuestro corazón, convertirse en el dueño nuestra vida? Tenemos todo
que ganar: una nueva vida que descansa en la confianza en Dios, un corazón
abierto que cree en todo lo que Dios puede hacer a través de cada uno de
nosotros, y una vida en la cual no tendríamos que afanarnos más por aquello que
no podamos controlar.
Jesús nos dice así: “¿Y quién de
vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?” y “Así
que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su
afán. Basta a cada día su propio mal”. (Mateo 6: 27 y 34).
La inquietud no debe controlar nuestra
vida, ¡al contrario! ¿Para qué inquietarnos? Hagamos nuestra parte (lo posible)
y dejemos que nuestro Dios haga la suya (lo imposible).
Bendiciones
Pablo José
Comments
Post a Comment