CÓMO EXTRAER EL PODER DE LA PALABRA DE DIOS

 


Romanos 10:17; (…) Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (…).

Marcos 9:23; (…) Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible (…).

Acá la palabra nos resume lo más importante para la vida terrenal, en victoria, de un hijo de Dios (católico o evangélico). Tener FE en Dios y en Su palabra, la cual le permita CREER que lo que necesite y le pida en oración, se lo concede.

Para obtener e incrementar nuestra FE, se requiere OIR (leer, escuchar) la palabra de Dios. Y para eso hay que estudiar la Biblia y asistir a los servicios de nuestra Iglesia local, para escuchar el mensaje de nuestros pastores y/o sacerdotes.

La palabra de Dios tiene PODER para actuar en cualquier área de nuestra vida. Salud, prosperidad, paz, perdón, gozo, etc. Y para extraer ese poder podemos aplicar estos sencillos pasos:

 

1.      Aliméntese todos los días con la palabra de Dios:

La palabra va a cumplir todo aquello para lo cual ha sido enviada. Tiene el poder de producir lo que dice. El mensaje de Dios está lleno de vida y poder. La clave es alimentarse de ella hasta que penetre en su espíritu y active su energía y vida.

Isaías 55:10-11; (…)  Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié (…).

 

2.      Medítela para recibirla:

Dependiendo de lo que necesitemos, debemos buscar la palabra de Dios para esa situación. Si necesitamos sanidad, buscamos los versículos que nos dicen lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz del calvario, para garantizarnos sanidad. La medicina de Dios (esa palabra específica) no hace acepción de personas y llevará a cabo su función en el cuerpo de cualquier creyente en Jesús, el hijo de Dios, que la tome. No se trata de que Dios quiera o no sanar a alguien, sino que esa persona reciba esa palabra de sanidad por medio de su Fe. En este caso, recibimos la sanidad por medio de tomar la medicina (la palabra o el versículo) que produce la FE. Lo único irrefutable es que le medicina de Dios (Su palabra) obra para cualquier persona que se la tome con Fe.

Isaías 53:5; (…) Pero él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados. El castigo que nos trajo paz fue sobre él, y por sus heridas fuimos nosotros sanados (…).

1 Pedro 2:24, (…) Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero a fin de que nosotros, habiendo muerto para los pecados, vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados (…).

 

3.      Úsela de acuerdo a las indicaciones:

Para que una medicina funcione, se debe tomar de acuerdo a las indicaciones del médico que la prescribe. (Uso externo o interno, antes o después de las comidas, una, dos o tres veces al día, etc.).  Así es con la medicina de Dios o sea con Su palabra. Veamos como es que nos la prescribe:

Proverbios 4:20-21; (…) Hijo mío, presta atención a mis palabras; Inclina tu oído para escuchar mis razones. No las pierdas de vista; guárdalas en lo más profundo de tu corazón (…).

Es muy clara la indicación para tomar esta medicina:

a)      Atendamos Su palabra.

b)      Inclinar nuestro oído a ella.

c)      Manténgala delante de sus ojos.

d)      Grábela o guárdela en su corazón.


Solo cuando la medicina (palabra) de Dios, habita en medio de su corazón, es cuando produce el resultado esperado en su vida. Saberla en su mente (aprendérsela de memoria) no sirve de nada. Debe penetrar en su espíritu por medio de la MEDITACIÓN de la misma (Atenderla, oírla, mirarla, pensarla, analizarla, rumiarla, reflexionarla) logrará dar resultados.  La medicina de Dios se debe tomar internamente. Se planta en el terreno del corazón y se riega con la oración y la meditación, de manera que florezca y de fruto.

 

4.      Dele tiempo para que actúe:

A toda medicina le toma un tiempo hacer su efecto. Cuando alguien está enfermo y es recetado por un médico, no se toman una sola dosis y paran. No, se toman el medicamento en las cantidades y oportunidades prescritas. Igual sucede con la medicina de Dios. Se debe seguir tomando dándole tiempo hasta que funcione.

Los versículos específicos que usted necesita para superar o sanar la situación que esté afrontando (falta de empleo, procesos ejecutivos y/o penales, salud, resentimientos, depresión, temor, dolor por pérdida de seres queridos, etc.), deben tomarse (leerse, meditarse) varias veces al día hasta que funcionen. No importa cual sea el problema. La palabra de Dios es la única medicina que usted necesita. Úsela alabando al Padre y dándole gracias, visualizando anticipadamente que ya recibió aquello por lo cual está reclamando Su favor y Gracia.

 

FUNCIONA. Yo lo he practicado en mi vida y por eso me gozo compartiéndole este estudio.

 

Bendiciones

 

Pablo José

 

 

 

 

 

 

 

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